martes, 28 de julio de 2015

Me hace cosquillas.

"Pensar en ti, me hace cosquillas", me dijo.

"Siento una cosita aquí, en el estómago, cuando recuerdo tus labios moviéndose despacio y hablándole a los míos. 

Noto cómo se me encoge el corazón, cuando me doy cuenta de que no será eterno. 
Porque, tú lo dijiste, nada lo es."

No recuerdo haberlo dicho. 

No recuerdo nada, de mi vida, anterior a su sonrisa.

No recuerdo haber sentido, antes de encontrarme con sus ojos.

Pero nada es eterno. 
Me dijo que yo se lo dije.

Nada. 

Aunque el recuerdo de su voz susurrándome "bonita", a mí también me haga cosquillas.


sábado, 25 de julio de 2015

Al menos llueve.

Se acercó a mis frías manos con todo el calor de su corazón y, después de templarme el alma, me clavó su mirada de hielo.

Traía el pelo revuelto y los labios mojados.
La sonrisa, sin embargo, era la de siempre.

"Al menos llueve.
Llueve y estás aquí."

Había tenido un día de locos y, cuando sus besos acariciaron mi espera, se refugiaron mis sueños en sus ojeras.

Siempre supimos que ver brillar el sol, de noche, era sólo cosa nuestra.

Y que buscar la felicidad fuera de nuestras carcajadas, era inútil.

Nunca pudimos dejar de cantar cualquier canción cutre, de madrugada.
O de bailar sin música en calle.
O de hacer llover en el salón.

Nunca pudimos dejar de tenernos, ni tuvimos que dejarnos. 

viernes, 24 de julio de 2015

¿Quién te dio permiso?

¿Quién te dio permiso para colarte en mi cabeza de esta forma?

¿Quién? Que quiero reclamarle el miedo que tengo a perderte.

El miedo a olvidar tu rostro, si no te veo en cuestión de minutos. 

Aunque luego cierre los ojos y nunca te fueras. 

O recuerde tus dientes grandes, blancos y perfectos, queriendo morder mi nariz cada cinco minutos.

Aunque sueñe tus dedos recorriendo mi espalda una y otra vez, la noche que quisimos detener el tiempo sobre tus costillas.

Y se arremoline el viento a las puertas de mi alma, para gritarme que viene a llevarse tu aroma. 

¿Quién te dio permiso para hacer, de mi vida, el desastre con más sentido de todos?

¿Quién? 

Que quiero agradecerle tu voz ronca por las mañanas, tus manías, tus sonrisas y el brillo que dan tus ojos a mis ojos...

Puede.

No sé en qué momento decidimos pasar de contarnos idioteces, a contarnos los lunares.

Nos enamoramos, como imbéciles, de una vida que nos negó más de lo que nos había prometido.

Nos hizo gracia el amor, cuando nos cogió por sorpresa aquella noche y nos reímos, con él, mucho más tiempo.

Días que supieron a verano. 
Días que fueron felicidad.

Los meses se nos fueron escapando y, cuando quisimos alcanzarlos, nos dimos cuenta de que nuestros pasos eran más cortos.

Puede que hubiésemos arriesgado demasiado.

- Créeme si te digo que lo único que tengo es un corazón desnudo.
Y créeme, también, cuando te digo que me da igual.
+ A mí ya no me queda nada que perder.

Levantó un poco la cabeza y, forzando una sonrisa, se apartó el pelo de la cara.

- A mí aún me quedas tú. 

O puede que no. 

Puede que, por una vez, hubiésemos ganado.



martes, 21 de julio de 2015

Nadie me explicara.

Su nombre se ha aliado con el timbre de su voz para alegrarme los días.

Me tortura la idea de no haber guardado su olor, aunque se haya pasado media vida sobre mi espalda.

Y, en las noches que me falta, se entretienen con su recuerdo las ganas de morirme entre sus brazos.

Nadie me advirtió que enamorarse era tan fácil como que sus manos rozaran mi cintura y sus dientes se engancharan a mis sueños. 

Nadie me advirtió que enamorarse era no poder respirar cuando me falta su aliento y que la vida parece distinta si se ríe, conmigo, de ella.

Nadie me explicara lo que es amar.
Hasta que llegó, con sus bromas y sus historias infinitas, y sobró toda explicación.

lunes, 20 de julio de 2015

Viajamos.

- ¿Seguro que quieres venir conmigo?
+ ¿Tan mal conduces?
- No es eso... Es que casi nunca llego a mi destino.

Y me miró con unos ojos capaces de confundir al mismo Diablo, pero asentí.

¿Quién no querría perderse con su sonrisa, aunque acabara naufragando en el mar de su mirada?

Viajamos. 

Viajamos lejos con el cuerpo y más lejos con el corazón.

Nos quisimos donde nadie pudo odiarnos y nos encontramos escapando del destino. 

Me habló de sus aventuras, de sus miedos, de sus penas...
Me habló y su acento se tatuó en cada poro de mi piel. 

Nuestra historia será, algún día, algo más que papel mojado por una impertinente lluvia de verano. 

Mientras tanto... Sus manos.

jueves, 16 de julio de 2015

Por una coma.

Me quemó el alma con sus gemidos de madrugada y se olvidó de recordarme que se iría al amanecer.

"Ven. Cántame al oído una vez más." 
Y la fuerza de un susurro lleno de caricias para su alma, se colaba en sus oídos como mis manos entre su piel.

Quise gritarle "quédate, mi vida" y se guardaron entre mis labios las palabras, sintiéndose dueñas de su propio destino.

"Quédate mi vida", le escribí en la espalda.

Y se la quedó.

Entonces entendí la importancia de una coma...

miércoles, 15 de julio de 2015

A un paso.

A un paso de tu risa, parece que el cielo se abre para mí.

A un paso de tus manos, de tus besos, de tus ojos. 

A un paso. Y suena lejos. 

"Lo imposible es lo que no nos atrevemos a intentar", dijiste.

Yo seguía a un paso de ti. 

Te quise contar, en menos de 10 caricias, las ganas que mis labios tenían de los tuyos.

Te quise cantar, en cuatro estrofas y media, las ganas que mi piel tenía de tu piel.

Y te tenía a un paso. A un solo paso.

Sentía que por ti podría atravesar todos los desiertos, bebiendo del deseo de tenerte cerca...

Era un paso. Dos segundos, ocho centímetros y una vida entera.

Caminé en dirección contraria, sin mirar atrás y, cuando quise darme cuenta, ese paso se había convertido en muchos más.

Supongo que es más fácil escribirte que ser valiente.

Supongo que no te olvidaré.

viernes, 10 de julio de 2015

Frenético y granate.

Siempre me han gustado las personas a las que se les enfría el café, por no parar de hablar.

Y era así.

Nos encontramos una noche en la que la luna brillaba más de lo que había brillado el sol y, de repente, mereció la pena el cansancio.

Supe que era lo que siempre había buscado y su voz, suave, sostuvo mis mejillas en alto un rato más.

Era de belleza delicada y, por su modo de caminar, parecía estar flotando.

No utilizaba vaqueros, si no "jeans", y en lo pálido de su rostro se adivinaban unas pequeñas pecas.

"Soy como un panecillo de cereales", bromeaba. 

El olor del café le dibujaba una sonrisa y, de tener que elegir, lo tomaba solo, cargado y con un toque de canela.

Siempre tuvo claro lo que quería y hasta donde llegaría por amor...
 
"No voy a beber más de una, lo siento. Supongo que será que no te quiero tanto... 
Además, no puedes comparar la cerveza con la elegancia de un buen vino".

Y yo, hipnotizada por el juego de sus dedos con la copa y el baile que hacían sus labios y aquel líquido, ponía mi mundo a girar a un ritmo frenético. 

Frenético y granate.

Y me rendía con los únicos "tienes razón" que sentí antes de pronunciar.

jueves, 9 de julio de 2015

La diferencia entre tú y el resto del mundo.

Puedo reconocerte, de espaldas, en cualquier lugar lleno de gente. 
O diferenciar tu voz entre los gritos desesperados de cualquiera, sin que hayas separado los labios.

Puedo prometerme que te prometería no descuidarte jamás.

Porque la diferencia entre tú y el resto del mundo, es lo que me haces sentir cuando sonríes. 

Pasas por mi lado, dices "hola" en lugar de "adiós" y me demuestras que llegas para instalarte en el alma de todo aquel que se cruce con tu mirada.

Y yo te imagino cuando las arrugas empiecen a contar las historias que se esconden en la luz de tus ojos, con toda tu belleza intacta y a mí a tu lado, y me muero de ganas de que el tiempo se me escape de entre los dedos, mientras me entretengo haciéndote cosquillas con las pestañas en el cuello.


Aunque después despierte y sepa que no estás.