Recuerdo ese consejo cada vez que volver atrás no me parece mala idea.
Sin embargo, cuando pienso en tu sonrisa y en tus manos, siento que no me importaría releer la historia que me cuentan tus lunares, una y otra vez.
Si te encontrara ahora mismo, si pudiera tenerte delante, te diría que me muero por los hoyuelos que se dibujan en tus mejillas cuando me ves llegar.
Que siento que es tu calor, el que me falta en las noches de un invierno que parece no terminar.
Que son tus piernas, las que estaría dispuesta a redibujar con las yemas de mis dedos.
Jugando a quitarle color a tus tatuajes, para colorearte la nariz como cuando hace mucho frío.
Si me juraras que llevas tres días sin besar a otra, te confesaría que yo llevo tres vidas guardándome las ganas de volver a encontrarme con tus labios.
Y, aún siendo joven para releer, gritaría al mundo que merece la pena vivir... Por volver a vivirte.
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