jueves, 4 de agosto de 2016

La "vida sin".

Abro los ojos y clavo la mirada en el cielo. 
Los aviones me gritan que estás más cerca de lo que parece. 

Mi estrella está exactamente donde la había dejado. 

Me viene a la memoria el recuerdo de tu voz preguntándome por qué sé que esa es la mía.
Como si no te hubiese repetido millones de veces que es la que más brilla. La única que me avisa para que pueda encontrarla, aunque a veces juegue a esconderse. 

Igual que tus ojos en la oscuridad.

La brisa me golpea en la cara, mientras un grupo de adolescentes grita bajo la ventana.

Si vuelvo a cerrar los ojos puedo ver una de nuestras mañanas, en las que tu risa floja se burlaba de mi leche sin lactosa y mis galletas sin gluten. 

Solías repetir que me gusta la "vida sin" y que, de la misma manera, te gustaba mi amor. 

Sin medida, sin miedo, sin dobleces.

El tiempo, que hizo con nuestros planes lo que quiso, me dice que debo acostumbrarme. 

Siguen desfilando los aviones y yo, que pensé que nunca cambiaría, estoy empezando a creer que ya no me gusta la "vida sin".

Al menos no sin ti. 

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