Cerré los ojos, respiré profundamente y recordé tu mirada.
Huele a Navidad y pasado cuando te pienso y el frío de todos tus inviernos se pasea sin piedad entre mis huesos.
Un disco nuevo gira en algún rincón de la casa, donde descansan unos espejos que ya no quieren saber de mi reflejo sin el tuyo.
Qué bonito era despertar con tu sonrisa y qué feo se siente al cumplir sueños, sin cumplir promesas.
Cerré los ojos y respiré profundamente.
Te respiré cada vez que me gustaba cómo me mentías.
Y cada vez que me juraste que lo único eterno que existiría, serían las ganas que tenías de mis manos.
Te respiré en cada recuerdo, de cada minuto, de cada uno de mis días.
Y me supiste a poco.
Como todos los años que llevo cumplidos sin tu beso de "felicidades".
Ese que me dabas justo donde se acaba la nuca y empieza a dominar la perdición.
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