domingo, 22 de mayo de 2016

Desprenderse.

Desprenderse.

He aprendido a vivir con ese concepto, asociado al recuerdo de tu risa. 

Bueno, supongo que aún estoy aprendiendo. 

O algo parecido. 

Estoy aprendiendo a olvidar las ganas de tus manos sobre mi blusa y la prisa de tus piernas alrededor mi cintura.

Aprendiendo a sonreír a una luna que sólo me recuerda que tu cara es más bonita, aunque tenga menos luz. 

Me llenabas los bolsillos de caricias de estraperlo y me está costando asimilar que fue mentira, que en realidad no me quisiste.

Pero si algún día, rompiéndome el alma, lo consigo... Sé que volverás entre mis sueños.

Sé que volveré a sentir vibrar mi pecho, al ritmo de tus carcajadas.

Volverá el miedo a volver, pero también el miedo a que no vuelvas. 

Volverán la "vereda de la puerta de atrás, por donde te vi marchar" y "el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa".

Y, aún después de todo, esa sensación de que tus brazos son mi hogar...

Si me llevan a jurar, sé que nunca podría decir que te he olvidado. 
Si me llama la cordura, tampoco podría asegurar que eres lo mejor que me ha pasado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario