Eres esa calma que nunca llega después de la tormenta.
La ausencia de calma que me recuerda que estoy en casa.
Que en Galicia llueve, en invierno y en verano, y que es parte de su encanto si tengo tus brazos para resguardarme.
Eres el granizo, golpeando sin descanso contra la ventana de una habitación cansada de extrañarte.
El verso más triste que nadie ha podido escribir y el texto más corto y significativo de todos los que consigo arrancarle a las letras.
Eres todo aquello que me recuerda que aún vivo y que, hacerlo con el único propósito de verte sonreír, aún merece la pena.
Y tú, que tienes nombre de película y de canción. Tú, que has nacido para brillar... Me pides que silencie el alma cuando grita que la historia de mi vida se llama como tú.
Aunque ya me esté muriendo por contarla (por contarte), porque suenas bien en todos los idiomas.
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