lunes, 5 de septiembre de 2016

Empieza a refrescar.

Escucho hablar de amor a la gente que no te conoce y me hace gracia lo mucho que se equivocan.

Este calor húmedo, más propio de las cloacas que de un corazón enamorado, me trae el recuerdo de tus manos en mi cintura.

"Puedes quedarte otra noche. 
Y dejarte el pijama, si quieres."

De repente, un bebé que llora nos despierta y, ya que estamos, nos queremos otro rato.

Nos sudamos mucho. 
Pero sin prisa, que hace calor.

Y si madrugamos, al menos que las ojeras hayan valido la pena. 
Que no hay alegría más grande que la de encender tu mirada, ni cansancio que no cubra el maquillaje. 

No deja de hacerme cosquillas que el Robe te despierte con eso de "yo ya empiezo a notar desbordarse los pantanos de toa' Extremadura" y tu mano esté dormida casi dentro de mi piel. 

Y madrugamos más, pero nos sudamos menos.
Que ya se nota septiembre y empieza a refrescar por las mañanas. 

Es como "la vuelta al cole", pero a tus manos. 

Y me dejo el pijama. 
Por lo que pueda pasar. 

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