viernes, 9 de septiembre de 2016

Plan B.

No solía ser el tipo de persona que tiene un plan B. Nunca. 

Después apareciste, asegurando que no sabes "de qué está hecha la felicidad, pero es una mierda lo suficientemente buena como para enganchar". 

Y me ganaste. 

Ahora ya no quiero nada más que ver tu pelo a contraluz y perderme en las gotas que siempre cuelgan de tu barbilla cuando llueve.

Desde entonces, no tengo más planes que el B (de Barcelona contigo) y ya no sé si quiero saber en qué consiste la otra parte de la vida, si la hubiese. 

A ti no se te puede improvisar, ni yo quisiera hacerlo. 

A ti sólo se te pueden prometer muchas mañanas (y tardes, y noches) de sábados y domingos que suenan a canciones huérfanas de acordes, desde que estás lejos. 

Y mirarte, cuando te dejes. 

Y decirte bajito que "ojalá tener esa mierda con la que están hechos los sueños", para que sonrías cuando estás triste. 

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