miércoles, 12 de octubre de 2016

"Por su seguridad..."

Siempre me hacen gracia las advertencias en las estaciones: "Por su seguridad, manténgase alejado de las vías".

Como si la raya amarilla que dibujan en el suelo pudiera protegerme.
Como si mi voluntad no se hubiese tumbado sobre los raíles, en el momento en que la vi aparecer.

Era ella.
La chica de las californianas perfectas, los labios carnosos, las gafas redondas polarizadas y el lazo rojo. 

La típica chica a la que le escriben mil textos de amor, pero casi ninguno sincero.
El tipo de chica a la que no vuelves a ver después de enamorarte de sus gestos, pero por la que darías la vuelta al mundo sólo para ver cómo se alegra. 

Era ella y estábamos tan cerca como lejos.
Viajaba conmigo, pero sin mí. 

Miraba por la ventana y sonreía de lado.
Miraba de nuevo hacia dentro y me encontraba en la otra punta del vagón.

A veces bostezaba, deteniendo mi mundo.

Parecía feliz.

Una canción de Silvio Rodriguez empezó a sonar, casi de la nada. 

"Ojalá que la luna pueda salir sin ti".

Y ojalá... Porque en invierno en Barcelona anochece muy temprano y yo no podría aguantar muchas noches sin hablar con la luna sobre lo genial que habría sido Sitges lloviendo, abrigada en su sonrisa. 

De momento, en la última parada de mi tren, mi esperanza se sigue riendo de la maldita raya amarilla.

Y, en lo que va de noche, todavía no he visto a la luna. 

"Por su seguridad, procure no enamorarse en cada estación".



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