Tenía un texto en el tintero y, al cruzarme con tus quejas, se esfumó.
Qué no daría por desempañarte la mirada, por quitarte la pena con un simple movimiento.
Por enseñarte a querer en todos los idiomas de los lugares que quisieras visitar conmigo.
Que me digas "¡Ay, niña! No me hagas reír que se supone que me duele el alma y no debería...".
Como si la risa fuese controlable.
Como si fuera cierto que llamarme "niña" te hace más mayor.
Qué no daría, joder, porque no volvieras a sufrir.
Qué no.
Yo.
Que, de lo poco que tengo, le quedaba a deber a la vida... ¡Por verte sonreír!
(Existe una canción que dice eso.
Pero diría mucho más, si hablase de ti.)
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