A veces me siento estúpida cuando se me olvida lo genial que eres.
Que las primeras caricias fueron diseñadas por tus manos para que tus dedos, creados para colarse entre mi pelo, jugasen durante horas.
A veces me siento estúpida cuando te busco al otro lado de mi colchón, con la esperanza de que quede algo de tu perfume y pueda sentir que me abrazas.
Y me siento débil cuando me hablan de lo feliz que eres lejos de mí.
Porque yo habría jurado mil veces que éramos invencibles y que, si no era yo, nadie podría volver a hacerte sonreír.
Porque cuando tú sonríes, el tiempo me espera, el invierno no importa y el frío desaparece.
Pero sé que sólo pasa cuando sonríes para mí.
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