Yo, que siempre juré no enamorarme, acabé por prometerle una canción por cada mañana que despertara a mi lado.
Disfruté rimando versos que escribí sobre su espalda.
Versos cutres, tan vacíos de poesía como cargados de sentimientos.
Versos que hablaban de la pasión con la que hacía todo lo que le gustaba, o de los conciertos que me daba en el salón.
De lo transparente de la blusa, aquella vez, y sus manos enredadas en mi nuca.
De lo mucho que le brillaban los ojos al beber Sprite y sus carcajadas cuando era yo la que tenía un día sensible.
Eran versos tan reales como lo que sentía al mirar sus ojos y de la sencillez con la que me enseñó a querer.
No eran los "9 días" de Vanesa Martín, pero a mis canciones les quedaba bien el ritmo de su risa.
Supongo que el corazón a veces baja la guardia y, de repente, una canción por cada despertar parece poco.
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