Bajo la primera luna llena del invierno y con la mirada clavada en el horizonte, decidió abandonar su pasado.
Veía desaparecer el mar, a lo lejos, como muchas otras veces lo había visto aparecer en sus ojos.
Sintió el peso de los recuerdos cuando se acumulan en las lágrimas y saltan al vacío cargados de verdad, de valentía, de "mereció la pena"...
Buscaba, entre la brisa, alguna razón para quedarse. Pero no la encontró.
No encontró la fuerza que le ayudó a quererse, ni los brazos que una vez le dijeron "si quieres, quédate".
No aguantó mucho.
Empaquetó todo lo bueno que la vida le había regalado, lo dejó sobre la arena y se fundió con el resto de la playa.
Esta vez, el "para siempre" sería de verdad.
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