lunes, 20 de julio de 2015

Viajamos.

- ¿Seguro que quieres venir conmigo?
+ ¿Tan mal conduces?
- No es eso... Es que casi nunca llego a mi destino.

Y me miró con unos ojos capaces de confundir al mismo Diablo, pero asentí.

¿Quién no querría perderse con su sonrisa, aunque acabara naufragando en el mar de su mirada?

Viajamos. 

Viajamos lejos con el cuerpo y más lejos con el corazón.

Nos quisimos donde nadie pudo odiarnos y nos encontramos escapando del destino. 

Me habló de sus aventuras, de sus miedos, de sus penas...
Me habló y su acento se tatuó en cada poro de mi piel. 

Nuestra historia será, algún día, algo más que papel mojado por una impertinente lluvia de verano. 

Mientras tanto... Sus manos.

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