Bebo y conduzco.
Pero no olvido.
Me encuentro de frente con lo que quiero, pero suelo estrellarme contra lo que no.
Ya no se curan las heridas de mi piel, por hacer juego con las del alma.
Quiero, pero no puedo.
Me llamo y ya no respondo.
Me he enganchado a algunas drogas, que me ayudan con el mono de tus besos.
Se hace corto el camino de vuelta a una casa que no es la tuya.
De vuelta a unas costillas que no se dejan acariciar con suavidad.
Me delatan las ojeras cuando alguien me pregunta si estoy bien y respondo que ya no sé cómo es la vida, pero que he aprendido a malvivirla sin ti.
Ya no se puede contar conmigo.
Y yo sólo cuento con el miedo a tener que decir quién soy, sin poder pronunciar tu nombre.
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