De besos en la calle, en el portal y en el ascensor.
De darse prisa para encajar la llave en la cerradura.
De deseos bajando del ombligo y un rastro de ropa que acaba en medio del salón.
De dos cuerpos, ya sin alma, que se quieren sin complejos en el suelo, dejando sin aliento al sentido y sin sentido al aliento.
De trazar, sobre tu espalda, laberintos con la lengua para luego recorrerlos a mordiscos.
De dejar a medias las partituras por musicalizar tus caderas.
De acariciar, con las puntas de mis dedos, los límites de tu corazón.
De historias acabadas, capítulos completos y libros apilados.
De cuentos sin sapo, ni príncipe.
De fábulas que no contarías a tus nietos.
De vicios, pasión y saliva.
De amor y toda esa movida.
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