viernes, 15 de noviembre de 2013

Humo y tristeza.

Encima de la mesa sus gafas de sol, las llaves y un cenicero lleno de colillas que, cuando encendidas, apagaran sus nervios.

Debajo de la cama, el corazón. Roto, colmado de ilusiones vacías.

Dentro del armario, la esperanza. Escondida, forrando su ego para que nadie vuelva a destruírlo.

Botellines de Estrella tirados por el suelo, que habían sido testigo de su intento por ahogar las penas. Unas penas que, resultó, sabían nadar.

Recordó su manía de besar la boca de cada botella antes de dársela y se llevó una a los labios.

Ahora dormía en el sillón con la cara dibujada por la ruta de sus lágrimas.

Olía a cerveza, humo y tristeza.

Si hubiera llegado antes, habría convertido esas colillas en los cigarros "de después".

Joder, siempre tarde, siempre lejos, pero siempre, siempre, a su lado.

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