jueves, 27 de marzo de 2014

Promesa. (I)

Llegué y, como lo hacía a veces, me senté en el banco que hay al fondo del parque.

Había sido un día agotador y todo lo que me apetecía hacer era sentarme a observar cómo huían las palomas al paso de los ciclistas que convertían aquel febrero en primavera.

No sé cuánto tiempo llevaba viendo morir la tarde cuando, con la fuerza de un huracán, apareció la mirada más cálida del mundo y se sentó a mi lado para hacer nacer, de entre sus labios, una de las historias más bonitas.

En su tono de voz se apreciaba la admiración que sentía hacia los protagonistas y, por la dulzura de sus palabras, me abandoné en los brazos de la historia, agradeciendo al destino las pocas ganas de hablar que tenía aquel día.

Me explicó que, a pesar de entregar el alma y apostar la vida, hay amores condenados a descansar en el olvido y sólo regresan cuando es demasiado tarde. Justo en el punto en que la noche deja paso al nuevo día.

Me resultaba extraño pero, cuando me quise dar cuenta, ya estaba enganchada a la historia de un amor tan fuerte como intenso que, a pesar de no pertenecerme, sentía muy mío y contado de los labios de una desconocida a la que los años habían hecho sabia.

Pasaban los días y yo me iba al mismo banco, a la misma hora, para volver a oír su tono de voz acariciándome el alma y despertando mis ganas de sentir.

Aquel se convirtió en mi lugar favorito del mundo entero y su pasión a la hora de repasar el curso de aquel amor, era el mejor viaje para mis sentidos.

Siempre las mismas palabras, la misma emoción, el mismo brillo en sus ojos cuando lo describía.
Cuando hablaba de él y de sus manos, de sus labios, de sus besos y de su sonrisa.

Alguna vez, con mucha suerte, un detalle nuevo y, desde la primera vez, la misma sensación de vacío al final de sus palabras.

miércoles, 19 de marzo de 2014

What life is all about?

You probably (sometime) asked yourself "What life is all about?". So did I.

Let me tell you that I have a lot of free time and I could overthink about it... And, yes, I got an answer!

We grow up, we get knowledge and that's what we base our entire lifes on.

But we should be smart enough to start questioning the ideas which someone gave us and start developing our own.

Life seems too easy when we pretend that we're perfect in all ways and (how couldn't it be in this way?) we blame someone else about our mistakes.

We complain about every single bad thing that happens to us, forgetting our faults.

We want a friend to stay (and they will probably be there) when we haven't been there at the time they needed us.
We want faithfulness, when we cheated on someone else.
We want happines, when we are being unfair since the beginning.

Life is all about understanding our mistakes, apologizing for them and let people know that you'll be there when they need you, as they did before.

Life is all about relationships (not just love ones), fairness, faithfulness, happines...

Life is all about learning, rectifying and letting our spirit grow up like our body did.

Life is all about love.

Un ritmo diferente.

Recuerdo cómo le olían las manos cuando llegaba, por su manía de subir las escaleras jugando con el mechero.

Después venía, me cubría los ojos y susurraba "¿quién soy?", como si pudiera esperar a alguien más.
 
Tenía la costumbre de coger el portátil todas la noches y se pasaba horas y horas buscando nada. Viendo vídeos absurdos que terminaron por gustarme tanto como sus carcajadas rompiendo la seriedad de la noche.

Me regalaba las mejores vistas al perderme en la forma de sus caderas cuando se iba a por el primer café de la mañana y, mientras yo seguía calentando su lado de la cama, canturreaba alguna de sus canciones preferidas.

Siempre las mismas estrofas pero, cada día, un ritmo diferente.

No había nada como sus besos con cafeína y la forma que tenía de abrocharse la camisa.

Sus ojos, su sonrisa...

Los pliegues de su espalda, la curva de sus labios, la cara de enfado y su facilidad para desabrochar una falda.

Creedme si os digo que no habrá nadie con tanta suerte como la mía.

Desde que aparece en mis sueños me despierto deseando que llegue la noche, cada día.

jueves, 13 de marzo de 2014

Y si hablamos de querer...

Si me preguntan qué prefiero, hablarán mis ojos de la forma que tienes de puntear mi cuerpo con tus dedos y el vicio que tengo de navegar por los pliegues de tu espalda.

Coger ese mes de abril que tanto gusta a los poetas y disfrazarlo de septiembre para ti.
Para que no dejes de escribir sobre la arena de nuestra playa "VEN AQUÍ".

Siento que no tengo nada de que preocuparme si puedo ocuparme de ti cuando eres llanto, cuando tus ojos no brillan o tu alegría es demasiado fugaz.

Y si hablamos de querer...

Quiero guardar en mi memoria la imagen más bella de tu cuerpo desnudo, que me ciegue el brillo de tu piel y me quemen las ganas de tenerte, como queman tus manos en mis piernas.

Yo no quería que te grabaras a fuego en mi alma y, sin embargo, se puede leer tu nombre en el centro de mi pecho.

Te quedaste para siempre, como las marcas de tus uñas en mi cuello, la forma de tus dientes en mi espalda y la muestra de alguna otra torpeza a la altura de mis muslos.

Te quedaste para siempre, después de haberte ido.

lunes, 10 de marzo de 2014

A ti, que me estás leyendo.

A ti, que por una cosa o por otra me estás leyendo, te voy a tutear.

Y lo voy a hacer por dos motivos: 1. Si llegas al final me conocerás un poco mejor. 2. Si consigo removerte un poco, yo a ti también.

Verás, una vez leí en algún sitio (te diría en dónde pero me leo hasta la etiqueta del champú, así que no lo recuerdo) que tenemos dos vidas.
La primera, que empieza el día que nacemos y la segunda, que empieza el día que nos damos cuenta de que sólo tenemos una y decidimos aprovecharla.

Yo (que soy muy de interpretar las cosas a mi manera) preferí no buscarle lógica a la frase en sí, porque sabía que no la encontraría y, además, la lógica y yo no somos amigas.

Entonces decidí entenderlo de la siguiente manera:

Cogí la música (que es, desde mi punto de vista, de las cosas más importantes) por un lado, la vida por el otro y las mezclé.

Entonces lo tuve claro.

La vida es un pentagrama vacío, impecable y, cada uno, tiene que ir llenándolo con sus notas para componer su propia melodía.

A veces será una sucesión de silencios y otras veces, podrás sentir la alegría de un grupo de semicorcheas.
Los bemoles y sostenidos marcarán la diferencia en muchas ocasiones y, al final de todo, cuando la orquesta se apague, todo lo que quedó por hacer, se quedará en intenciones.

No me olvido del amor, no.

Ese elemento que derriba, en un segundo, el castillo de naipes que llevábamos construyendo toda la vida, también tiene un lugar en nuestro pentagrama.

El amor es "la clave".
Nos marca, desde el punto de partida, cómo vamos a vivirlo todo.

Cada vida es distinta y cada melodía es, por lógica (aquí sí la aplicamos, que es un caso sencillo), única.

Podemos dejar que otros la escuchen pero nunca, jamás, nadie podrá sentir lo que nosotros sentimos a medida que la vamos creando.

La vida está llena de oportunidades que no debemos desperdiciar; de cosas que gritamos, sin pensar, en momentos de rabia cuando dejamos que el alma hable por nosotros y de momentos que vivimos y no volverán.

Ahora tú dime, ¿quieres dejar tu pentagrama impecable? ¿O prefieres ser el/la artista de tu propia vida?

Magali.

jueves, 6 de marzo de 2014

Una hoja menos.

Era de esos días en los que no necesitas a nadie y te vas, con un libro en el bolso y ganas de olvidar, en busca del mejor café de la ciudad.

Quisiera haberlo evitado, pero algo me interrumpió poco después de haber olvidado que existía mundo a mi alrededor.

Era una voz dulce y suave que, entre sollozos, contaba la historia de amor más triste de todas.

"No pude. No pude soportar que fuera amor y lo siento.

Lo siento tanto como sentía que me ardía la piel cuando se acercaba y me rozaba la nuca.

Discreta, serena, segura.

Aún me duele pensar en su sonrisa, en sus gestos, en sus ojos.

Me duele como me dolió haberme dado cuenta de que hasta el fuego más vivo se puede congelar.

Lo intenté mil veces y, aún sobrándome palabras, nunca supe qué decir."

Sentí ganas de volverme para comprobar si era su voz contando mi historia. Pero no pude.

Yo también le había fallado.

En mi cuaderno, una hoja menos.
En su bolsillo, un "yo también te quiero" que leerá al llegar a casa mientras deja la cazadora sobre los pies de la cama con esa delicadeza tan suya.

En mi cabeza, un peso menos.
En mi corazón, un dolor más.

Ahora, el eco del adiós me acompaña cada noche recordándome que, cuando quiera volver, ya habrá cambiado de bar.

Yo estoy segura de que seguirá contando su historia con la esperanza de que su café y el mío se vuelvan a derramar sobre la misma mesa.

martes, 4 de marzo de 2014

Insomnio.

Llegas cada noche, con el insomnio, y pienso en cuantos corazones tendrás colgados de tu sonrisa, en cuantas despedidas guardas en tu vitrina de trofeos.

No sé si supe quererte más que nadie, pero te aseguro que te quise mejor.

Voy a echar de menos tus manías, esas que al principio no sabía por donde coger y sin las que, ahora, no creo poder seguir.

Ya no volverán a tener sentido las caricias. No, sin tus manos.

Se perderá el dolor agradable de tus mordiscos traviesos y la suavidad con la que besaba la cicatriz de tu barbilla.

No querrá, nadie, nunca, empaparse en tu olor como yo lo hacía. Como nada dibujará las imperfecciones de mi cuerpo como lo hacían tus dedos.

Ya no habrá arañazos que curar sobre mi espalda, ni alegría que compartir en mi mirada.

Llegas cada noche, con el insomnio, y te escapas entre recuerdos al segundo suspiro.

Nada queda ya de tu gesto de triunfo cuando, tras decir "un minuto y me voy", tumbabas el reloj de arena y sentías haber parado el tiempo.

jueves, 27 de febrero de 2014

"Reservado".

Esa forma sexy de desabrocharse la cazadora (primero el botón, después la cremallera) y, con el cuero aún empapado por la lluvia, abrazarme sabiendo que me enfadaré hasta que me sonría.

Escribir "reservado" en cada uno de sus besos y colgar el cartel de "abierto" en sus botones, cuando llego.

Tropezarme por las mañanas con su casco de la moto en medio del pasillo y creer que es mentira, que no está, para no seguir enamorándome de sus detalles.

¿A quién puede no gustarle el invierno cuando el granizo se funde al primer contacto con su piel?

¿Quién rechazaría algo tan bonito como derramar el café por hacer de la cocina un lugar más divertido?

Cada día es más sincero esto que siento.
Más profundo. Más real.
Y no. Supongo que no es lo que buscaba, pero es lo que quiero.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Y ahora, dime, ¿qué?

Quisiera haberle hablado, al mundo, de ello. Quisiera haberle hablado, al mundo, de ti.

Nunca me paré a mirar el fondo de tus fotos para saber dónde estabas.

Eres todo lo contrario a lo que soñé que querría y eres, sin embargo, todo cuanto quiero y sueño.

Mírame. Estoy arrastrando el peso de tu recuerdo y sé, de tu vida, lo que quise inventarme que viviríamos.

Tú, con tu piel especial que parece tan suave; con el dorado en el pelo, que siempre dije rechazar; con el marrón en tus ojos que desplaza, sin permiso, al verde que siempre me atrajo.

Y ahora, dime, ¿qué?

Porque yo escapé y tú no volviste.

Porque sigo soñando con tu hueco en mi sofá, imaginando historias del día en que vuelvas, pensando que me piensas o que, al menos, conoces mi nombre.

Nunca me paré a mirar el fondo de tus fotos. Me perdía, antes, en el brillo de tu sonrisa y te sentía cerca.

Tan cerca como nunca te sentí.
Tan cerca como lejos estás. 

lunes, 24 de febrero de 2014

Cuando quieras.

Tenía muchas cosas que decirle, el primer día que le vio, aunque "me gusta su estilo" fue lo primero que se le pasó por la cabeza.

Guardó silencio (siempre lo hace cuando tiene algo sincero que decir) y se limitó a sonreír.

No tardó mucho en descubrir que el mundo es de los valientes y construyendo, con sus inseguridades, una estructura sólida en la que sostenerse, empezó por contarle todos sus defectos.

"Hola. Dentro de dos frases pensarás que estoy loca pero, aún así, te pido que me escuches hasta el final.

Me gusta tu estilo, tus ojos, tu sonrisa, la forma en que te mueves y tu olor. Sobre todo, tu olor.

No me creerás, pero mi timidez es lo único que me frena a la hora de hacer lo que realmente me apetece.

Tengo mal humor por las mañanas, hasta después del primer café, más o menos.

Por cierto, lo tomo solo. Sin azúcar, ni leche y, normalmente, sola.

Canturreo todo el día, aunque me pidan que me calle, incluso cuando alguien me habla (si no terminé la frase).

No soy de cocinar y el deporte... Bueno, el deporte en mi vida va por temporadas.

Me encanta reírme y llorar, aunque no me gusta, lo hago bastante a menudo (excepto cuando debo).

Hablo sola y soy bastante ruidosa cuando estoy sola en casa.
No sé cómo me encajarían tus vecinos, la verdad.

Caigo mal a la gente, casi siempre, al principio.
Y es al principio, precisamente, cuando soy tímida.

Protesto cuando creo que tengo que hacerlo y me encantan los debates largos y tranquilos, con muchos argumentos.

Discutir me da una pereza enorme e intento evitarlo.

Casi siempre llevo auriculares, escribo y siempre, siempre, tengo alguna canción sonando en mi cabeza.

Sueño despierta, imagino y, aunque adoro conocer gente nueva y estar rodeada, a veces me gusta disfrutar de la soledad.

Estoy dispuesta a desquiciarte todos los días de tu vida y arreglarlo viendo pasar las horas mientras la manta nos sobra y el sofá se nos hace pequeño.

Cuando quieras, cojo mi taza y mi cepillo de dientes y me instalo en tu cintura."

Funcionó.

domingo, 23 de febrero de 2014

Alguna mañana rara.

Cierro los ojos y pienso.

Pienso en cómo estarás, en dónde estarás y, sobre todo, en con quién estarás.

No sé cómo llegaste a mi vida, ni recuerdo en qué momento empecé a quererte. Sólo puedo acordarme del día en que, cobarde, me fui y del dolor de la despedida más alegre.

¿Sabes qué? Aún te pienso. Aún te escribo. Aún te quiero.

Me gustaría leerte las miradas, dibujar en tus lunares y que mi sonrisa bailase con la tuya.

No sé qué ha sido de mi vida desde que no puedo sentir que hay algo, aunque callado.

El tiempo pasó, rápido, pero ya no siento bonito, ni tengo planes, pues todos mis planes eran para dos y te he guardado un hueco.

Ahora, es todo lo que tengo. El hueco de tu risa y, con suerte, alguna mañana rara, el recuerdo de tu olor.

domingo, 16 de febrero de 2014

... y marcas de carmín.

Me recuerdas a una historia.

Una historia de juegos con la lengua y marcas de carmín donde empieza el pantalón.

Una historia en la que el "adiós" esperaba en la puerta para impedir, al miedo, romper planes de dos.

Quizás me hubiera gustado seguir siguiendo tus pasos a la ducha, seguir borrando mis huellas en la arena, al verlas fundirse con las tuyas.

Tal vez sean de otra tus ganas de querer, los besos en la boca y las huellas en tu piel.

Aún no se curan las heridas de mis labios que llevan las marcas de tus dientes y todavía me dicen tus ojos que, al decir que no me quieres, mientes.

lunes, 10 de febrero de 2014

Habitación en ruinas.

Lo bonito del tiempo, era saber pararlo cuando llegabas.
Pero, eso, lo aprendí después de que decidieras no regresar.

Los domingos que quedaron sin planear (después de que consiguieras que me gustaran), las caricias del primer café de la mañana y los "te quiero" que quedaron por decir, se guardan en el rincón de mi corazón que se secó cuando te fuiste.

Aprendimos a evitarnos estando muy cerca y a abrazarnos en la distancia.

Aprendimos a interpretarnos las miradas, a acostumbrarnos a las caricias, al amor a destiempo y con prisa por las noches y a las ganas de tenernos de entre la comida y el postre.

Supiste entender todo lo que necesitaba, aún sin saberlo, y me lo entregaste sin haberlo pedido, sin censura, sin condiciones.

Le diste el valor adecuado a un abrazo sincero y un nuevo sentido a los besos.

Y yo, que te prometí que no contaría a nadie lo que leí en tus lunares cuando el frío atravesaba los cristales de nuestra habitación en ruinas, me di cuenta de que cada marca de tu piel era un nuevo territorio por conquistar.

Pero, de eso, también me di cuenta cuando, además de nuestra habitación, estaba en ruinas mi alma. 

miércoles, 5 de febrero de 2014

Naciendo una nueva noche.

"- ¿Tú crees?

+ ¿El qué?

- ¿Crees que, algún día, alguien encuentre adorable nuestra historia? ¿Crees que llegarán a creer lo feliz que me hace el hecho de que estés aquí?

¿Contar a cualquiera, en un futuro, el modo en que nos conocimos, lo salvajes que pudimos llegar a ser y la forma en la que te hiciste indispensable, y que lo vean tan bonito como nosotros lo hacemos?

Yo no sé si alguien que no sepa lo que es ver tus ojos cada mañana, entienda la belleza.

Porque el hecho de que me mires mordiéndote el labio desde el otro lado del sofá, es suficiente para distraerme de mi lectura y desear quedarme a vivir bajo tu manta para siempre.

Y no sé si lo entiendan pero, desde luego, es algo a lo que no pienso renunciar jamás.

Porque me hace feliz.

Me haces feliz.

Y no voy a dejar de contarlo. No voy a dejar de contarte.

Nunca.

+ Entonces, ¿qué más da si lo entienden? ¿Qué más da si lo ven, o no, adorable? ¿Qué más da lo que piensen?

Además, ¿quién podría no encontrar adorable el hecho de que me mires por encima de las gafas cuando estás a punto de tirar un libro por el aire para escribir una hoja más en la historia de nuestras noches? ¿Y qué me dices de la forma de tus ojos al sonreír? ¿Y lo mal que mientes? ¿Y las veces que juras que no roncas?"

Y murió la conversación, naciendo una nueva noche...

Y poco a poco, como se marcan en la piel la forma de unos dedos tras las caricias de años, se fue acostumbrando, el mundo, a ver la belleza en los pequeños detalles de su vida, y se fue acostumbrando, la vida, a crear un mundo con la belleza de sus pequeños detalles.

Ya no puedo.

Mira que te lo repetí veces: "Alimentarse de recuerdos no es, ni de lejos, la mejor forma de vivir."

Y ahora que pasó el tiempo necesario, pero no el suficiente, estoy sentada en alguna esquina de mi casa acordándome de tu boca para poner letra a un sentimiento.

Ahora, que no puedo pedirte que vuelvas a soportar mis inseguridades, a reírte tras los gritos y a abrazarme cuando llego y llueve.

Ahora, que no me siento con derecho a hablar de ti porque nos perdimos.

Ahora que, aún sin deber, he decidido deberte la vida.

Muchas veces me he equivocado y, sin embargo, el error más grande de todos fue el haber creído que no te quería.

Ya no me veo con derecho a tocarte el hombro y besarte en la mejilla, cuando te gires, para pedirte perdón.

Ya no soporto la presión en el pecho cuando no podemos ir más allá de un "¿qué tal?", tan innecesario hace un tiempo.

Ya no puedo dejar de escribirte, pues eres el único sentimiento que me queda y, aunque todos nos equivocamos, haberte perdido me ha llevado, contigo, al punto de no saber dónde estoy.

Aunque no quiera quererte. Aunque el recuerdo de olvidarte, me recuerde que has sido el peor de los olvidos.