Llegas cada noche, con el insomnio, y pienso en cuantos corazones tendrás colgados de tu sonrisa, en cuantas despedidas guardas en tu vitrina de trofeos.
No sé si supe quererte más que nadie, pero te aseguro que te quise mejor.
Voy a echar de menos tus manías, esas que al principio no sabía por donde coger y sin las que, ahora, no creo poder seguir.
Ya no volverán a tener sentido las caricias. No, sin tus manos.
Se perderá el dolor agradable de tus mordiscos traviesos y la suavidad con la que besaba la cicatriz de tu barbilla.
No querrá, nadie, nunca, empaparse en tu olor como yo lo hacía. Como nada dibujará las imperfecciones de mi cuerpo como lo hacían tus dedos.
Ya no habrá arañazos que curar sobre mi espalda, ni alegría que compartir en mi mirada.
Llegas cada noche, con el insomnio, y te escapas entre recuerdos al segundo suspiro.
Nada queda ya de tu gesto de triunfo cuando, tras decir "un minuto y me voy", tumbabas el reloj de arena y sentías haber parado el tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario