Tenía muchas cosas que decirle, el primer día que le vio, aunque "me gusta su estilo" fue lo primero que se le pasó por la cabeza.
Guardó silencio (siempre lo hace cuando tiene algo sincero que decir) y se limitó a sonreír.
No tardó mucho en descubrir que el mundo es de los valientes y construyendo, con sus inseguridades, una estructura sólida en la que sostenerse, empezó por contarle todos sus defectos.
"Hola. Dentro de dos frases pensarás que estoy loca pero, aún así, te pido que me escuches hasta el final.
Me gusta tu estilo, tus ojos, tu sonrisa, la forma en que te mueves y tu olor. Sobre todo, tu olor.
No me creerás, pero mi timidez es lo único que me frena a la hora de hacer lo que realmente me apetece.
Tengo mal humor por las mañanas, hasta después del primer café, más o menos.
Por cierto, lo tomo solo. Sin azúcar, ni leche y, normalmente, sola.
Canturreo todo el día, aunque me pidan que me calle, incluso cuando alguien me habla (si no terminé la frase).
No soy de cocinar y el deporte... Bueno, el deporte en mi vida va por temporadas.
Me encanta reírme y llorar, aunque no me gusta, lo hago bastante a menudo (excepto cuando debo).
Hablo sola y soy bastante ruidosa cuando estoy sola en casa.
No sé cómo me encajarían tus vecinos, la verdad.
Caigo mal a la gente, casi siempre, al principio.
Y es al principio, precisamente, cuando soy tímida.
Protesto cuando creo que tengo que hacerlo y me encantan los debates largos y tranquilos, con muchos argumentos.
Discutir me da una pereza enorme e intento evitarlo.
Casi siempre llevo auriculares, escribo y siempre, siempre, tengo alguna canción sonando en mi cabeza.
Sueño despierta, imagino y, aunque adoro conocer gente nueva y estar rodeada, a veces me gusta disfrutar de la soledad.
Estoy dispuesta a desquiciarte todos los días de tu vida y arreglarlo viendo pasar las horas mientras la manta nos sobra y el sofá se nos hace pequeño.
Cuando quieras, cojo mi taza y mi cepillo de dientes y me instalo en tu cintura."
Funcionó.
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