miércoles, 5 de febrero de 2014

Naciendo una nueva noche.

"- ¿Tú crees?

+ ¿El qué?

- ¿Crees que, algún día, alguien encuentre adorable nuestra historia? ¿Crees que llegarán a creer lo feliz que me hace el hecho de que estés aquí?

¿Contar a cualquiera, en un futuro, el modo en que nos conocimos, lo salvajes que pudimos llegar a ser y la forma en la que te hiciste indispensable, y que lo vean tan bonito como nosotros lo hacemos?

Yo no sé si alguien que no sepa lo que es ver tus ojos cada mañana, entienda la belleza.

Porque el hecho de que me mires mordiéndote el labio desde el otro lado del sofá, es suficiente para distraerme de mi lectura y desear quedarme a vivir bajo tu manta para siempre.

Y no sé si lo entiendan pero, desde luego, es algo a lo que no pienso renunciar jamás.

Porque me hace feliz.

Me haces feliz.

Y no voy a dejar de contarlo. No voy a dejar de contarte.

Nunca.

+ Entonces, ¿qué más da si lo entienden? ¿Qué más da si lo ven, o no, adorable? ¿Qué más da lo que piensen?

Además, ¿quién podría no encontrar adorable el hecho de que me mires por encima de las gafas cuando estás a punto de tirar un libro por el aire para escribir una hoja más en la historia de nuestras noches? ¿Y qué me dices de la forma de tus ojos al sonreír? ¿Y lo mal que mientes? ¿Y las veces que juras que no roncas?"

Y murió la conversación, naciendo una nueva noche...

Y poco a poco, como se marcan en la piel la forma de unos dedos tras las caricias de años, se fue acostumbrando, el mundo, a ver la belleza en los pequeños detalles de su vida, y se fue acostumbrando, la vida, a crear un mundo con la belleza de sus pequeños detalles.

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