"- Me dejas que te cuente algo?
+ Por supuesto, para eso están las amigas no?
- Tú sabes lo que me gusta hablar, dispones del tiempo suficiente?
+ Que si...
- Está bien, te voy a contar algo que me pasó, no hace mucho tiempo, y así entenderás un poco las ganas de sonreír que tengo siempre..."
Comenzó a contar una historia que, ya fuera por la divertida forma de contar las cosas que tenía, o porque realmente el asunto lo merecía, resultaba apasionante desde el minuto cero.
"- Tú, que me conoces, más que nadie, me atrevería a decir, sabes que soy una persona bastante sentimental y, por qué no decirlo, también me ilusiono a la velocidad del rayo. Aún sabiendo eso, no puedes llegar a imaginarte la mala suerte que tuve en el tiempo que estuvimos sin vernos.
Sabes de sobra, porque te lo tengo contado, como lo pasé en mi última relación. Fue terrible, lo pasé mal y tú, entre otras muchas personas a las que debo tanto, me ayudasteis a superarlo.
Pero bueno, el tema de quién me ayudó es otro, y sabes que si me pongo a hablar nos dan las mil..."
Y se reía, consciente de que ambas sabíamos que era verdad, que si se ponía a hablar, era capaz de desviar el tema hasta no llegar nunca al tema raíz.
"- Bueno, creo que ya te había comentado que me enamoré de él antes de que me dirigiese la palabra, pero bueno, que eso no es raro en mí tampoco, me enamoro casi a diario. Ya sabes como soy, no tengo remedio..."
Y sonreía de nuevo, y yo feliz, habría matado porque hace unos meses pudiese mantener una sonrisa, aunque fuese fingida, por más de dos segundos sin venirse abajo.
Había que reconocer que desde que no nos veíamos la vida la había tratado bastante mal y, desde luego, no se lo merecía.
Gustosa le habría dado la mitad de mi suerte que, al menos en el terreno afectivo, le habría venido de perlas.
"- Estaba condenada a vivir una relación tormentosa, pero se que el destino me lo hizo para que realmente pudiese apreciar lo realmente bueno que es el amor. Pero el sincero, el de verdad.
Te contaré como empezó mi historia con la persona que hoy me hace feliz, pero lo haré obviando la parte del final de la otra relación, no me merece la pena ponerme triste.
Podría haberme sucedido hoy, aquí, hablando contigo y se lo estaría contando a mis otras amigas en unos meses, pero fue justo al contrario.
Sabes como son, me taladraban la cabeza a diario para que fuese a dar una vuelta, que me despejara, que no me merecía la pena estar así y bueno... Acepté.
Por primera vez en semanas salía con ellas, pensé que me vendría bien."
Entonces sus ojos mostraban un brillo extraordinario, un brillo que, gritando en silencio, agradecía la insistencia de sus amigas.
"- Esa salida de amigas no me vino tan bien como creía, cuando me quise dar cuenta estaba llorando al recordar. No podía evitar sentirme mal cuando las oía hablar de lo bien que les iba. Sé que es egoísta, son mis amigas, pero yo había tocado fondo y, aunque sé a ciencia cierta que no era así, a ellas parecía no importarles.
Me disculpé y, llorando, decidí salir a despejarme. Me vendría bien estar sola un rato, hasta calmarme.
Entonces sí, ahí fue cuando mi suerte cambió!"
Mi cara de intriga ante tal historia debía ser demasiado evidente y, como toda amiga cuando cuenta algo interesantísimo, me dejo unos minutos con la miel en los labios mientras preparaba más café... (Sí, yo también pienso que podría haberlo hecho en cualquier otro momento).
"- Pues bien, mientras caminaba noté que alguien me seguía, me giré y reconocí a alguien con quien suelo coincidir por ahí.
A pesar de conocerme sólo de vista, me dijo que no iba a permitir que lo pasase mal, que, si en su mano estaba, me ayudaría a acercarme a la felicidad y oye... Hace ya unos meses de eso!".
Continuó hablando, calculo que un par de horas, pero la emoción de su historia, el amor que mostraba al contarla y la ilusión que transmitía, me impedía seguir escuchando lo que decía.
Encontrarse con alguien que te importa y que, después de sentirle tan distante, te cuente una historia bonita, de las que te hacen emocionarte, siempre merece la pena.
Esta conversación me enseñó, entre otras cosas, que el hecho de que alguien te diga que estaría dispuesto a dar la vida por tu felicidad, que sólo permitirá que tus pupilas se inunden de alegría y que coserá sus ilusiones a tu futuro con tal de que estés presente mientras sueña, es la semilla del amor verdadero, el que proporciona la alegría que ayuda a seguir adelante y el que vence cualquier obstáculo para triunfar.