martes, 9 de octubre de 2012

Apenas había rozado los baldosines del templo y ya podía notar el olor a azufre. Sentía cómo los fuegos incansables del infierno quemaban la suela de su zapato.

"El Diablo entrando en la casa de Dios" pensó.
Se rió para sus adentros y continuó su tranquila procesión entre el gentío en busca de un hueco donde sentarse.

No entendía qué hacía allí exactamente, tampoco sabía qué era lo que buscaba, ni siquiera si buscaba algo.

Un alma insana entre tantas almas puras que, pensandose pecadoras, acudían a diario a aliviar sus conciencias.

Plegarias, ofrendas y deseos imposibles se concentraban en el mismo espacio donde se comerciaba con las ilusiones de los devotos obviando una realidad más que evidente: en el cielo también se reservan el derecho de admisión.

lunes, 8 de octubre de 2012

El destino jugaba sus últimas cartas y, una vez más, les sorprendía.

Había pasado mucho tiempo ya desde su último encuentro y el recuerdo que tenían no era, para nada, agradable.
Sin embargo, algo raro estaba sucediendo entre ellos.

No quedaba nada de rencor en sus miradas, sus ojos brillaban de la misma forma que lo hicieran el día que se conocieron. Un nerviosismo incomprensible envolvía la escena y, de repente, dos sonrisas.
Ya era tarde, lo habían hecho. Habían vuelto a caer.

No podían entender cómo, ni por qué, una historia tan complicada como la suya volvía a sus, ahora tranquilas, vidas.

Sus recuerdos eran dolor, enfados y discusiones continuas. Escasas y frías reconciliaciones. En cambio, haberse visto tanto tiempo después les llenaba de paz y apenas podían entender la razón.

Abrieron paso a unos sentimientos que florecían de nuevo pareciendo olvidar todo lo pasado y se dejaron arrastrar por un amor que, todavía a día de hoy, seguía vivo y se manifestaba en el momento menos oportuno.

Sorprendidos y emocionados continuaron su camino juntos, una vez más, con una ilusión que parecía volver para unir sus vidas una vez más.

"Siento que nada más me importa, que me importas más que nada".

martes, 2 de octubre de 2012

Iba acumulando un fracaso detrás del otro y no le importaba.

Poco le quedaba por perder más que un poco de dignidad y no mostraba ni un ápice de vergüenza en ninguno de sus movimientos.

Lágrimas para limpiar el alma, alcohol para olvidar, remedios caseros para la resaca y estrenar sonrisa.
Sonrisa sincera, de esas que afloran de lo más profundo del ser de la mano de las ganas de continuar.

Solía ilusionarse y siempre, siempre arriesgaba. No se permitía dejar pasar la oportunidad de ser feliz, sabía que se lo merecía.

"Ya no me importa que me rompan el corazón. Hace tiempo que me anestesio el alma".

Después de eso, aprovechaba la felicidad lo que le durase.

"¿Qué más quieres de mí?".

lunes, 1 de octubre de 2012

El calor dilataba, de forma imperceptible, los hierros de las vías que la llevaría a su futuro.

El tren no era el medio de transporte más cómodo, ni el más barato, pero sí el más seguro.
Billete adquirido en taquilla. Sin documentos, sin preguntas.

"No me encontraría aunque quisiera.
Aunque removiese cielo y tierra para hacerlo. Nadie le dirá nada de mí cuando pregunte. No hay rastro de mi huída".

Y partió así, con su vida en una pequeña maleta en la que todavía sobraba sitio, una alegría inmensa y más ganas de empezar de cero que nunca.

"Esto es así. No se puede ganar siempre".

viernes, 28 de septiembre de 2012

Avanzar.

Nunca antes había sentido esa sensación de necesitar agradecer al mundo el hecho de poder dar cada paso que daba.

Día a día avanzaba por el sendero de la felicidad, de la mano de quien ella había elegido y creando un futuro que, según tenía planeado, convertiría todos sus deseos en la realidad más dulce que podría desear.

Sin embargo el destino no es siempre como queremos. A veces es incluso mejor.

No tenía claro el por qué, pero sentía la necesidad imperiosa de llorar.
Pero, por primera vez en mucho tiempo, sus lágrimas serían de alegría.

"Si pudiera, te besaba aquí y ahora".

martes, 25 de septiembre de 2012

Rutina.

"Buenos días", beso, desayuno en silencio, "que tengas un buen día".

Nada quedaba ya del simpático irlandés del que se había enamorado. Cada día era un infierno disfrazado de rutina.

Si tuviera que elegir una palabra para describir su relación con el paso del tiempo la primera sería, sin duda alguna, "felicidad".
Después de esa felicidad que viene de la mano de la novedad de tener a alguien nuevo con quien compartir emociones, vendrían también "aventura", "emoción", "amor", "convivencia" y, ahora, una lejana, muy lejana "rutina".

Ella lo intentaba, día tras día. Quería que todo saliese bien, le quería y su ego no le permitía otro fracaso amoroso.
Se consumía entre el trabajo, la casa y la inestable estructura de una relación que solo le proporcionaba soledad.

No se rendía pero sabía que volver a encarrilar esa misma vida le costaría un trabajo infinito y podía no dar el resultado que ella quería.
Era como intentar reparar la base de un castillo de naipes y pretender no tirarlo entero.

Coge papel y boli, se sienta, escribe y llora.
Las despedidas son tristes. Lo acaba de decidir. Se va.

Se lo imagina llegando a casa a la noche. "Buenas noches cariño, yo tener mucha hambre, muy cansado".

Ni siquiera se había molestado en aprender a hablar bien castellano.

"Culpable por haber esperado tu amor".

Frío.

El viento silbaba insistente, como un niño que acaba de aprender a hacerlo y practica todo el rato.
Su pelo se mezclaba entre la oscuridad de la noche y sus pálidas y frías manos sostenían, cada vez con menos fuerza, una rosa que parecía crear espinas a medida que pasaban los minutos.

Podía notar el frío invernal recorriéndole el cuerpo entero pero, en su interior, su corazón latía más ardiente que nunca provocando en sus venas la sensación de calor más sofocante que había sentido jamás.

Llevaba dos semanas imaginando cómo sería su reencuentro, el momento en que sus manos volvieran a juntarse.
Tenía consigo la rosa, ya marchita, que él le había regalado cuando se fue. Todo tenía que ser perfecto.

Le esperaba con las ganas con las que la primavera espera a las flores, quería abrazarlo, sentirlo, quererlo.

Le esperaba, pero él nunca llegó.

"Si me quieres, aquí estoy".

jueves, 13 de septiembre de 2012

Creer.

"- Me dejas que te cuente algo?
+ Por supuesto, para eso están las amigas no?
- Tú sabes lo que me gusta hablar, dispones del tiempo suficiente?
+ Que si...
- Está bien, te voy a contar algo que me pasó, no hace mucho tiempo, y así entenderás un poco las ganas de sonreír que tengo siempre..."

Comenzó a contar una historia que, ya fuera por la divertida forma de contar las cosas que tenía, o porque realmente el asunto lo merecía, resultaba apasionante desde el minuto cero.

"- Tú, que me conoces, más que nadie, me atrevería a decir, sabes que soy una persona bastante sentimental y, por qué no decirlo, también me ilusiono a la velocidad del rayo. Aún sabiendo eso, no puedes llegar a imaginarte la mala suerte que tuve en el tiempo que estuvimos sin vernos.

Sabes de sobra, porque te lo tengo contado, como lo pasé en mi última relación. Fue terrible, lo pasé mal y tú, entre otras muchas personas a las que debo tanto, me ayudasteis a superarlo.
Pero bueno, el tema de quién me ayudó es otro, y sabes que si me pongo a hablar nos dan las mil..."

Y se reía, consciente de que ambas sabíamos que era verdad, que si se ponía a hablar, era capaz de desviar el tema hasta no llegar nunca al tema raíz.

"- Bueno, creo que ya te había comentado que me enamoré de él antes de que me dirigiese la palabra, pero bueno, que eso no es raro en mí tampoco, me enamoro casi a diario. Ya sabes como soy, no tengo remedio..."

Y sonreía de nuevo, y yo feliz, habría matado porque hace unos meses pudiese mantener una sonrisa, aunque fuese fingida, por más de dos segundos sin venirse abajo.

Había que reconocer que desde que no nos veíamos la vida la había tratado bastante mal y, desde luego, no se lo merecía.
Gustosa le habría dado la mitad de mi suerte que, al menos en el terreno afectivo, le habría venido de perlas.

"- Estaba condenada a vivir una relación tormentosa, pero se que el destino me lo hizo para que realmente pudiese apreciar lo realmente bueno que es el amor. Pero el sincero, el de verdad.

Te contaré como empezó mi historia con la persona que hoy me hace feliz, pero lo haré obviando la parte del final de la otra relación, no me merece la pena ponerme triste.

Podría haberme sucedido hoy, aquí, hablando contigo y se lo estaría contando a mis otras amigas en unos meses, pero fue justo al contrario.
Sabes como son, me taladraban la cabeza a diario para que fuese a dar una vuelta, que me despejara, que no me merecía la pena estar así y bueno... Acepté.
Por primera vez en semanas salía con ellas, pensé que me vendría bien."

Entonces sus ojos mostraban un brillo extraordinario, un brillo que, gritando en silencio, agradecía la insistencia de sus amigas.

"- Esa salida de amigas no me vino tan bien como creía, cuando me quise dar cuenta estaba llorando al recordar. No podía evitar sentirme mal cuando las oía hablar de lo bien que les iba. Sé que es egoísta, son mis amigas, pero yo había tocado fondo y, aunque sé a ciencia cierta que no era así, a ellas parecía no importarles.
Me disculpé y, llorando, decidí salir a despejarme. Me vendría bien estar sola un rato, hasta calmarme.

Entonces sí, ahí fue cuando mi suerte cambió!"

Mi cara de intriga ante tal historia debía ser demasiado evidente y, como toda amiga cuando cuenta algo interesantísimo, me dejo unos minutos con la miel en los labios mientras preparaba más café... (Sí, yo también pienso que podría haberlo hecho en cualquier otro momento).

"- Pues bien, mientras caminaba noté que alguien me seguía, me giré y reconocí a alguien con quien suelo coincidir por ahí.
A pesar de conocerme sólo de vista, me dijo que no iba a permitir que lo pasase mal, que, si en su mano estaba, me ayudaría a acercarme a la felicidad y oye... Hace ya unos meses de eso!".

Continuó hablando, calculo que un par de horas, pero la emoción de su historia, el amor que mostraba al contarla y la ilusión que transmitía, me impedía seguir escuchando lo que decía.
Encontrarse con alguien que te importa y que, después de sentirle tan distante, te cuente una historia bonita, de las que te hacen emocionarte, siempre merece la pena.

Esta conversación me enseñó, entre otras cosas, que el hecho de que alguien te diga que estaría dispuesto a dar la vida por tu felicidad, que sólo permitirá que tus pupilas se inunden de alegría y que coserá sus ilusiones a tu futuro con tal de que estés presente mientras sueña, es la semilla del amor verdadero, el que proporciona la alegría que ayuda a seguir adelante y el que vence cualquier obstáculo para triunfar.

martes, 11 de septiembre de 2012

Brilla.

Entre la espesa niebla de una noche más que oscura se podía diferenciar la sombra de alguien que, siguiendo el rastro de su estrella, recorría los caminos de la soledad.

Con movimientos elegantes se desplazaba con decisión rompiendo la tranquilidad de un paisaje que parecía terrorífico.

Vagaba de un lado al otro como un alma buscando una razón para continuar y, cuando la dureza de las grises nubes le impedía ver su estrella brillar, detenía su marcha, paciente, hasta que la volvía a encontrar.

Así, el amanecer de un día tan gris como sus sentimientos llegó y, de en medio de la nada más absoluta, surgió una voz que la obligaba a seguir, al menos un día más, a continuar la persecución de su estrella.

Esa voz que, similar al sonido del viento, se apagaba poco a poco huyendo de una realidad cruel y de la insaciable sed de la soledad.

"Tú no te asustes de los vientos que yo te espanto a los diablos".

sábado, 25 de agosto de 2012

Volver.

Sentir frío es una sensación bastante desagradable, pero sentir frío en un lugar en donde, tiempo atrás, se sentía un calor que parecía proceder del mismísimo infierno, es doloroso.

Hacía varios meses que aquel mismo lugar había sido testigo de los más cariñosos gestos, de los besos más tiernos y de las caricias más sentidas.
Dos corazones latiendo al compás, fundiéndose en un abrazo eterno, cálido.

Ahora un sólo corazón recordaba todo lo vivido y latía, solitario, al ritmo del piano que interpretaba una de las partituras más tristes jamás escritas.

Se hizo el silencio cuando el pianista se retiró y, de repente, unos brazos surgidos de lo más profundo de la oscuridad la sorprendieron cogiéndola por la cintura y guiando unos pasos de baile que ya conocía.
Transportándola a un pasado que le había proporcionado la mayor felicidad y le había arrebatado sus mejores años convirtiéndolos en amargura tiempo después.

No tenía claro qué estaba sintiendo, sin embargo, no quería despertar.

"Dame el tiempo que no te haga falta".

viernes, 17 de agosto de 2012

Renunciar.

Allí estaba.
Observando desde el fondo de la explanada cómo cientos de jóvenes se divertían sin preocuparse por la hora que era.

Muchos de ellos, la mayoría, estaban poseídos por el espíritu de una borrachera que arrastraban a lo largo de la noche.

Desde su posición meneaba la cabeza diciendo "qué vergüenza, que chavalada tan irresponsable".

Nadie más que él sabe lo que en fondo estaba pensando. Sentía envidia de lo bien que lo estaban pasando. Pero envidia de la que duele.
Se daba cuenta de que era mayor y había desaprovechado su juventud haciendo lo que los demás querían que hiciera.

Jamás logró ser feliz, era como una máquina. Tenía tan poco carácter que parecía diseñado para cumplir con las órdenes de los demás. No salir, no beber, no divertirse, estudiar duro, trabajar más, ganar dinero.
¡Lo que daría por retroceder en el tiempo y conocer la sensación de una resaca de las gordas!

Había renunciado a vivir por el hecho de tener una vida.

"¿Dónde está la canción que me hiciste cuando eras poeta?"

martes, 7 de agosto de 2012

El café de medianoche.

Sostenía su taza con fuerza, dejando que el café calentara sus manos.

Había estado pensando todo el día en qué será de su futuro y, realmente, no lo tenía claro. Llegados a este punto solo sabía con exactitud lo que no quería.

Pasaban ya de las 3 de la madrugada cuando se dio cuenta de que un café a medianoche no era la mejor de la ideas que había tenido ultimamente.

Insomnio. Esa incómoda sensación de querer dormir y no poder. Ansiedad. Angustia. Necesidad de algo que no llega.

"De perdidos, al río" pensó. De nuevo otra taza repleta de aromático café estaba entre sus manos dándole el calor que necesitaba en una noche fría.

Café solo. Sin azúcar, ni nata, ni leche. Solo. Como ella.

"Puede que sea tiempo de soledad" (VM).

viernes, 13 de julio de 2012

Entre tonos granate.

Enciende la radio todavía con la luz apagada.
Se abandona a la soledad del hogar y se deja abrazar por el sofá.

Cuando vuelve del trance en el que entró los dos primeros minutos de relajación, logra escuchar la canción. Me suena grande, los imposibles también existen...

"Bah, menuda tontería, solo existen los imposibles, todos lo sabemos. Debería eliminar esa emisora ridícula de la lista de favoritos".

Después de una ducha helada se sienta a los pies de su butaca, justo frente a la ventana.
Sentarse en el suelo no es lo común, pero nadie dijo que lo común fuera lo que ella solía hacer.

Su paladar saboreaba uno de los mejores tintos y allí, entre vino, lágrimas y melancolía, vio amanecer un día más.

"Quiero mudarme, hace años, al barrio de la alegría".

lunes, 2 de julio de 2012

··

Se conocieron en la típica reunión entre jóvenes rebeldes que se unían para, a golpe de rock and roll y cerveza, burlar una vez más las instrucciones de sus padres.

Lo que hacían no era delito, pero sí estaba mal visto. Era "antiestético" por calificarlo de algún modo. Era la juventud contra la que luchaban los vecinos de la zona, esa juventud rebelde que, con espíritu ochentero y muchas ganas de vivirlo todo, revolucionaba las calles de lunes a lunes.

Sus vestuario era "inadecuado" para la zona en la que vivían y los rudos modales con los que se comportaban cuando alguien les molestaba en exceso, les hacía ser detestados por el resto.

Incomprendidos y rebeldes.

Una vez más, el tópico de que "las apariencias engañan" se deja ver cuando te mezclas con ellos y descubres que son personas de gran corazón, con gustos musicales distintos, un mayor sentimiento de independencia y muchas ganas de que les crezcan las alas para volar lejos.

Del núcleo de este grupo de jóvenes nace una historia de ilusión y dependencia, al principio, pero que luego se convirtió en la historia de amor más real jamás vivida.

El inicio de esta relación no es el típico que se suele contar. Su modo de vida no les dejaba tiempo para andar con ñoñerías, sin embargo, pocas parejas se llegaron a querer como ellos.

La pasión como ingrediente principal de una receta de amor explosivo que hacía tanto mal como bien a ellos mismos.

Cuando estaban juntos, lograban parar el tiempo. Eran tan afines que se podría hablar de ellos como una sola persona.
Él ponía la sal y ella el azúcar a una relación que resistía el paso del tiempo mejor que cualquiera de las rocas de su acantilado preferido.

Era en aquel acantilado donde ella solía decir aquello de "Estaremos siempre juntos" a lo que él, de espíritu innegablemente más romántico, respondía "Y cuando nos perdamos te esperaré allí, en el punto donde el arcoíris brilla con más fuerza".

"Porque amores que matan, nunca mueren".

lunes, 25 de junio de 2012

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Poco tenía que envidiar a los demás sin embargo, no era capaz de mantenerse 24 horas sin dejar escapar una lágrima.

Contaban que era feliz a pesar de que la vida le había dado algún que otro palo y solían asociar su felicidad con su riqueza.

Pocos eran los que le conocían y nadie sabía que, entrada la noche, acostumbraba a llorar por un amor que, ausente, había dejado su alma más hundida que cualquier tesoro submarino.

Poseía, entre otras cosas, un Mercedes sin estrella, una estrella sin brillo y kilos de soledad.

"No te pude retener"