Poco tenía que envidiar a los demás sin embargo, no era capaz de mantenerse 24 horas sin dejar escapar una lágrima.
Contaban que era feliz a pesar de que la vida le había dado algún que otro palo y solían asociar su felicidad con su riqueza.
Pocos eran los que le conocían y nadie sabía que, entrada la noche, acostumbraba a llorar por un amor que, ausente, había dejado su alma más hundida que cualquier tesoro submarino.
Poseía, entre otras cosas, un Mercedes sin estrella, una estrella sin brillo y kilos de soledad.
"No te pude retener"
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