Me llevo un “hasta pronto” entre los dedos, que suena más parecido a un “adiós”.
Cargo en las ojeras miles de historias entre las que apareces sin pedir permiso y no puedo no hablar de ti con todo el mundo.
Supiste saber a casa, a mezcla de mar y montaña y a ganas de descubrir cada rincón del mundo de la mano.
Supiste saber al primer café de la mañana y a la primera cerveza del fin de semana.
Y ahora dejas el amargo de las despedidas en mi piel, porque sabes tan bien como yo que esta vez es la definitiva.
Que ya no dueles igual.
Que nos queda cita y media para sonreírnos solo con cariño y que, aunque merecerá la pena, será de otra manera.
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