Hay lugares preciosos que son personas.
Y hay lugares, como tus ojos o tus caderas, que no tienen comparación.
Quiero dormirme sin miedo por saber que despertaré abrazada a tu pecho.
Que tus piernas sólo existan con las marcas de las mías y tus costillas echen de menos las yemas de mis dedos.
Confesar a la luz de la luna más hermosa de todas, que haremos todo lo posible por acabar nuestro camino de la mano.
Que bailaremos al son de nuestra canción, aquella que escribimos sobre las estrellas la primera vez que vi salir el sol entre tu pelo, hasta que los años nos obliguen a bajar el ritmo.
Porque a mí nadie me acaricia la espalda como tú y a ti nadie te besa las heridas del alma como yo.
Y así, entre manos sanadoras y besos sabios, quiero pasar el resto de mi vida.
Contigo.
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