Me escuece, en la piel, la marca con la forma de tus dientes que dejaste en mi cintura.
Me escuece, en el alma, aquel primer brindis que se convirtió en la banda sonora de nuestra historia.
"Por ti. Por mí. Por nosotros.
Por el desgaste de tus vaqueros.
Y por seguir encontrando el sentido de mi vida al fondo de tus ojos."
Te había encontrado una mañana y brillaste, más que el sol, en el retrovisor de un coche que ya no huele a tu perfume.
Fuiste luz y encontraste una esperanza que se escondía del sufrimiento, entre la niebla de mis labios.
Quise, de tu mano, conquistar al amor para ponerle tu nombre.
Y temblando, como temblaron las copas encima del altavoz, le gané al "adiós" un par de batallas.
No duró lo que debiera.
No tuve valor.
Y ahora, extrañando tu voz pronunciando mi nombre, no podría olvidarte.
(No podría... Si quisiera.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario