lunes, 30 de marzo de 2015

3.

Salió hacia el trabajo con una sonrisa como único maquillaje.

Se pasó revisión en el espejo del ascensor, se peinó las cejas, se despeinó el pelo, se guiñó un ojo y, tarareando su canción preferida, se fue.

Había quedado para comer y para cenar y, aunque lo intentaba, nunca entendería el motivo de tanto éxito.

- No soy sexy... Lo digo en serio, no lo entiendo.
Soy un desastre de más de 25 que comparte la custodia de un perro, sale casi todos los días y suda ron todos los lunes.
- Pero eres un desastre encantador y eso te hace sexy.
- Desayuno leche de soja, ¡joder! La leche de soja es cualquier cosa, menos sexy.

Y entre carcajadas y simplezas fueron pasando las horas.

¡Daba gusto trabajar con una compañera que convertía la oficina en un pequeño hogar!

"¿Os venís a tomar algo? La comida fue un desastre y la cena... ¡La cena dos!"

Ay... ¡Benditos mensajes en grupo! (A veces.)

Sabía que no dirían que no y, a medida que fueron llegando, se sentaron para compartir todos los detalles de sus ordenadas vidas y recomendar seriedad a la sonrisa más bonita, brillante, sincera y menos agobiada de todas las que se sentaban alrededor de aquella mesa. 

No aguantaron mucho, que los lunes empiezan desgastando y acaban por destrozar.

- ¿No os parece que el tiempo es algo demasiado estricto como para hacerle caso? Ya sabéis... Hagas lo que hagas, él sigue su ritmo.
- Entonces tú te quedas, ¿no?

Respondió guiñando un ojo y acercándose a la barra a cambiar la cerveza vacía por una que aún pudiera contarle una historia.

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