domingo, 29 de diciembre de 2013

Sin avisar.

Comparable al café frío y sin azúcar, que estimula mis sentidos, son tus ojos.

Y yo me dejo caer en ellos, con la facilidad con la que alguien sin voluntad cae en la tentación.

Puede resultar extraño porque apenas te conozco pero, si insistieras en mirarme, te dejaría quedarte a vivir en mi cama del mismo modo en que te mudaste a mi memoria. Sin avisar.

Sé que no eres la mejor compañía, que puedes llevarme a la ruina, que no eres la historia que contarle a mis nietos pero... ¿A quién más necesito si te tengo conmigo?

Te aclaro, desde ya, que no querría continuar si tú abandonas.

Te juro que me desgarraría el alma gritando tu nombre, si decides huir.

Te ofrezco todo lo que pueda conseguir, pues lo que tengo igual no es suficiente.

Y te prometo que, de tirar la toalla, sería al salir de la ducha porque prefiero empapar tu piel y que me dejes seca.

Que, de nada me sirve la voz, si no es para susurrar tu nombre cada madrugada.

Que no quiero, en mi oído, más gemidos que los tuyos.

Que no aguanto que me pidas que sea tu "reina" pero, si dejases de hacerlo con esa sonrisa que me vuelve loca, me dejarías sin ganas de jugar otra partida.

Y, una vez más, dejo mi destino en manos de la suerte. Confiando en que el movimiento de tus dedos coincida con el ritmo de mi corazón.

Entonces sí, compondríamos la más bella melodía escondiendo complejos bajo la cama y viajando por cada curva de nuestros cuerpos como si el mundo se fuera a terminar en cuanto el pulso se relaje.

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