Como el aire que se cuela por la nuca para que sientas que el frío está ahí, pegado a tu piel, y no te dejará escapar.
Como el escalofrío que te advierte de que el mareo ya llegó demasiado lejos.
Como viajar en tren mirando por la ventana, incluso en los túneles.
Como quedarse dormida, poco a poco, mientras adivinas formas en las estrellas.
Como no querer saber nada del mundo cuando subes el volumen a la música.
Como el caer de la lluvia y el ruido del granizo contra el cristal.
Como una, cuento veinte.
Tan involuntario como todo eso, es el hecho de temblar cuando tu voz acaricia mis oídos.
Tan inevitable como soñar tus ojos, después de verte sonreír.
Tan imposible como no enamorarse, tras haberte conocido.
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