Ya sabes el mal humor que tengo por las mañanas cuando tu lugar en mi cama lo ocupa la nada.
Pero te imagino durmiendo y se me pasa.
Hace tiempo te conté que cuando necesitaba inspiración sólo pensaba en tu sonrisa, que me enamoré de ella la primera vez que la vi iluminada por el reflejo de la pantalla de tu teléfono, y tú me dijiste que me la regalabas, que sería para mí desde aquel momento, que llevaría mi nombre.
Después prometimos, hicimos kilómetros, nos reímos, lloramos, nos amamos, nos tatuamos el cuerpo y, de paso, el alma...
Y ahora lo único que quiero es seguir siendo lo que somos.
Quiero que me sigas susurrando que, antes que cualquier otra cosa, prefieres un rato conmigo.
Yo ya te había entregado mi sonrisa antes de conocerte y, aunque pienses que exagero, el rato más corto que quiero pasar contigo es el resto de mi vida.
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