jueves, 19 de septiembre de 2013

Sonrisa de dos.

Sacó de su cartera una foto antigua y me la mostró.

"¿Por qué guardas esto? Está desenfocada. Casi no se nota que salimos ahí." Le dije.

Sonriendo, sostuvo mi mano entre las suyas y me miró a los ojos.

"En esta foto salen media sonrisa tuya y media sonrisa mía. Si las juntamos hacen una sola. Una sonrisa de dos.
¿Recuerdas que te dije que eras una de las luces rojas que brillaba al final del túnel oscuro por el que caminé durante años?
Al final del camino las dos lucecitas, que a medida que me acercaba, se juntaban, resultaron ser una sola. 
Como nuestras sonrisas en esta foto."

Y, perdida en el brillo de su mirada, comprendí que aquello era amar. 

Ahora tengo una guitarra que se queja de que ya no la toco porque prefiero su piel y, es que, no hay mejor compás que el que marcan sus caderas.

Recuerdo el primer día.

Recuerdo que mi vergüenza se escapó envuelta en su pelo.

Recuerdo cada momento.

Y guardo esa foto y su original media sonrisa. Cada día. A mi lado.

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