jueves, 12 de septiembre de 2013

Robándome la manta.

Enredar entre tu pelo todos mis deseos y, por las mañanas, recogerlos cumplidos.

Saber que, mientras yo soñaba contigo, tú sujetabas mi mano y, mientras tú dormías, yo te miraba.

Buscarte desesperada en medio de la noche y comprobar que sigues ahí, robándome la manta, ocupando toda la cama y haciéndome la persona más feliz del mundo.

Morderte la punta de la nariz, o una mejilla, y que te enfades. Aunque sabes que, en el fondo, te gusta sólo porque yo adoro hacerlo.

Que te vayas a trabajar, o me vaya yo, y nos echemos de menos antes del beso de despedida.
Que me digas que me quieres, escucharte, que hablemos y que hagamos el idiota a todas horas.

Eso es todo lo que quiero de ti y, algún día, me dirás "te odio" mientras te leo que sabía que estarías a mi lado escuchando esto y con los ojos adornados de falso rencor.

Y me empujarás en el sofá. Y te morderé. Y volveremos a empezar una partida que acabará en empate de sentimientos y latidos acelerados.

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