viernes, 27 de septiembre de 2013

Sin más lucha que un par de besos.

Nunca falté a la promesa de no retenerte.

Tampoco tú a la de recorrerme.

Decías que una fecha no era necesaria para que lo nuestro tuviera sentido y yo, que de sentido siempre anduve escasa, vivía cada segundo a tu lado como el momento en el que coges aliento tras bucear.

Con el compromiso de no comprometernos, llegaron los "perdón" sin disculpa y las promesas no prometidas.

Al primer "gracias" sin sonrisa supimos que se estaba rompiendo. Pero, tras una guerra sin más lucha que un par de besos, decidimos que lo que no tiene un comienzo, no puede tener un final.

Y manteniendo el equilibrio sobre la línea del tiempo, seguimos sumando segundos sin llevar la cuenta.

Viendo despertar cielos que jamás se durmieron.

Viviendo despacio con la rapidez que el mundo nos permitió.

Avanzábamos sin más ley que la del egoísmo, haciendo gala de nuestra humildad porque, si de contradicciones está el mundo lleno, nuestra historia no iba a ser menos.

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