Mírame.
Vengo a ti con las palmas hacia arriba.
Pero no en son de paz, sino rendida.
Vengo, porque tú no lo haces pero tampoco desapareces.
Porque hace tiempo que apretaste el gatillo contra mi pecho, pero te olvidaste de la sien y el mínimo recuerdo de tu risa sigue pellizcándome el alma.
Déjame decirte que no me queda gris en la mirada, que ya es transparente.
Porque he llorado todas las ganas, menos las de volver a verte.
Y esas... Esas que no se van aunque sepan que el futuro no tiene sitio para ellas, son las que están acabando con lo que queda de mí.