domingo, 26 de febrero de 2017

"Every little thing she does is magic".

Voy a reservar en tu restaurante favorito todas las noches que te queden por vivir fumándote mi pecho.


Te llevaré a mi habitación con vistas a ninguna parte, me sentaré al borde de la cama observándote y, mientras suena alguna versión jazz de "every little thing she does is magic", entenderás por qué tienes tantas ganas de verme cuando estoy tan ocupada que tienes que esperar al viernes. 


(Y sí... Será una versión, porque tú sólo escuchas jazz y yo sólo quiero verte feliz.)


Hay algo en tu mirada que, al mezclarse con mi acento de sal, se parece al cielo.


Estoy convencida de que el día que uno de esos amores que no dejan huella me explicó las fases de la luna, lo hizo para que yo pudiera dibujar eclipses en tu espalda.


Yo no sé cómo son de cerca los "Bette Davis eyes" a los que se le escribieron canciones... Pero los tuyos me desarman antes de la madrugada y, cada vez que empieza el día, soy un poquito menos yo.


Un poquito menos yo, con un poquito más de ti en mi sonrisa. 

domingo, 19 de febrero de 2017

Encontrarte, tenerte y estar.

Me dijiste "me gustan tus dientes" y te mordí la sonrisa hasta que me dolió.


Tu lengua ha escrito mil cosas sobre mi vientre con tinta indeleble y ya no siento que acabo de volver del infierno, desde que están tus manos para jugar con mi ombligo.


Te quejas porque las paredes de esta casa son de papel y a mí me da igual escuchar lo que susurra el vecino... Porque si tú te ríes a oscuras, tu carcajada hace que se enciendan todas las luces de la ciudad.


Y me encanta encontrarte, tenerte y estar cuando tu cadera se eleva, tu espalda se despega del mundo que se encierra en mi colchón y te muerdes el labio. 


Y pasa el tiempo y sólo aumentan las ganas que tenemos de tenernos a cada rato y mi voluntad de seguir provocando a tu voluntad. 

jueves, 16 de febrero de 2017

Donde se inventó el pecado.

El problema no es encontrarte al separar las pestañas, sino que también sueles estar cuando las junto. 

Eres esa imagen que no desaparece y me hace tan feliz, que tengo miedo. 

Me miras directamente a los ojos, clavándome tus ganas donde se almacenan los recuerdos, y sonríes.

Yo te busco en la penumbra de una habitación empapada en tu olor y adivino, entre las sombras, la forma de tus caderas.

Ahí es donde quiero vivir. 
Ahí, si la muerte me alcanza algún día, no me importaría que me atrapase.

Ahí, en tus caderas, donde se inventó el pecado. 
Donde no hay Eva, ni Adán, ni manzana.

Donde sólo estás tú y ese compás al que bailan todos mis deseos, encerrados entre tus paréntesis. 

Y tú también quieres quedarte sobre las cuerdas de mi guitarra y componer sobre mi espalda, donde naufragaron mil marineros que se jubilaron tierra adentro por no encontrar la sal suficiente, en un acento, para curar sus heridas.

El problema no es encontrarte al separar las pestañas, corazón. 
El problema es explicarle a la vida todo esto y que lo entienda sin poder rozarte.

lunes, 13 de febrero de 2017

Si te digo la verdad.

Justo cuando creí que te había olvidado, que ya no dolían las cicatrices de tus mordiscos en mi pecho y no estaban tus ojos en el instante anterior a cada beso... Justo ahora, te encuentro en cada una de las caras que me cruzo por la calle, cuando llueve.

Y, si te digo la verdad, te sigo sintiendo. 

Miro alrededor y me suena la vida, pero no me reconozco en ella si no estás conmigo.

Tenía preparada una mudanza, pero he decidido construír un fuerte con las cajas en las que guardaba tus fotos, para esconder allí mi corazón.

Y que, en unos cuantos años, alguien busque entre recuerdos que huelen a humedad y descubra la forma en la que te quise (sin querer ni poder evitarlo).
Y entienda que ese fuerte es muy débil cuando me falta tu voz, susurrándome que "la vida es una mierda, pero es todo lo que tenemos por delante. Tú y yo...".

Justo cuando creí que te había olvidado, vuelve a llover en febrero y siento que sigo a tu lado.


miércoles, 8 de febrero de 2017

Sin prisas.

A veces creo que eres capaz de desmontarme con sólo una mirada y yo, que no consigo descifrarte, me hago pequeñita ante la inmensidad de tus ojos. 

Es difícil explicar la forma en la que me haces sentir, pero es algo parecido a querer acelerar el tiempo cuando sé que cada vez queda menos para verte. 

Es como si mi corazón latiese mucho más rápido cuando pienso en la idea de volver a tu sonrisa y no puedo aguantarme las ganas de tenerte entre mis brazos. 

Es impaciencia por hacerte prosa... Aunque después tenga toda la vida para acabar convirtiéndote en verso y que rimes con mis caderas. 

Es difícil de explicar, como el sol en Vigo o la lluvia en Sevilla. 

Supongo que es prisa. 
Prisa por pasar todo el tiempo del mundo a tu lado... Sin prisas.

domingo, 5 de febrero de 2017

Los domingos.

Es gracioso saber que te siguen encantando los domingos y que yo, cada vez, pongo menos empeño en odiarlos. 

Solíamos discutir antes de ir al cine, por la peli, porque yo prefería regaliz y tú palomitas y para tener una excusa para besarnos el enfado antes de que apagaran las luces. 

¡Y no había nada más bonito que la pantalla reflejando en tus gafas!

Llegar a casa y que te pusieras uno de mis pijamas indiscretos, de los de Primark de invierno, para hacer el idiota frente al espejo mientras nos lavábamos los dientes. 

Y que me abrazaras por la espalda cuando el sol se escondía de nosotros y me susurraras "Mira cómo se va otro domingo de mierda... ¡Te acabarán gustando!".

Jamás te reconocí que me gustaban cuando los pasabas conmigo, dibujando mapas de una nueva vida, partiendo mi rumbo...

Ni que me arrugaría entre tus brazos, por haberme empapado con la humedad de tus ganas de querer, y que me quedaría a vivir en el despertar de todos los lunes que estabas al otro lado del colchón.

Es gracioso saber que te siguen encantando los domingos y que yo, cada vez, pongo menos empeño en odiar todo lo que me recuerda a ti. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

No te quiero tanto.

Desengáñate... No te quiero tanto.

Aunque, pase el tiempo que pase, tus besos me sigan haciendo ilusión y tus labios sólo vivan tras la pista de los míos.

Aunque reconozca que se me olvida que la piel es mía, cuando la acarician tus manos. 

O que mi cepillo de dientes se siente huérfano de ganas, cuando no te dejas el tuyo. 

Te lo he dicho... No te quiero tanto. 

No me canso de repetírtelo y no quieres creerme. 

Puede que seas la otra parte del puzzle de dos piezas que es mi vida y que, sentada frente al mar, cuente las "olas" que llevo sin verte... 
Pero insisto, no te quiero tanto.

Insisto... Como insistes tú en ser la única persona que me hace reír cuando estoy triste, o en jugar con mi pelo cuando sabes que lo odio pero no podría enfadarme contigo.

Y, aunque me sientas mejor que dormir hasta tarde cualquier sábado de invierno, algún día encontraré la manera de demostrar que no miento, que no te quiero tanto.

Que lo canta Andrés Suárez y me lo cantas tú en bajito y los dos tenéis razón.

No te quiero tanto... Te quiero más. 

domingo, 29 de enero de 2017

¡Ya quisieran los aviones!

Somos diferentes. Muy diferentes.

Pero, ¿a quién le importa eso cuando pronuncias mi nombre y a mí se me olvida respirar?

Tienes el poder de conseguir que me duela el alma, de tanto quererte. 

Y me gustaría que entendieras que me sobran razones para sentir como lo hago, cada vez que tu acento acaricia mis oídos. 

A veces levanto la cabeza y me encuentro rodeada de idiotas que no quitan los ojos de sus teléfonos, mientras se pierden las arruguitas que se forman alrededor de tu boca cuando algo te hace sonreír.

(O las que se dibujan al lado de tus ojos,  cuando el sol se atreve a llenarlos de unos destellos parecidos a los que provoca, en los míos, tu llegada.)

Y es que, corazón, eres lo más parecido que existe a pasear entre nubes y consigues que vuele como nunca antes.

Convertiste tu pecho en mi aeropuerto favorito y me encanta viajar a ti.
Sin escalas, sin esperas, sin despedidas innecesarias.

¡Ya quisieran los aviones! 

sábado, 28 de enero de 2017

Una y mil.

Te metiste en mi cabeza como una canción de esas que se aprende de memoria sin saber muy bien cómo.

Me dijiste lo ilógica que es la lógica del amor y te advertí que ya era tarde.
Que te elegiría una y mil veces, todas las mañanas del resto de mi vida, de ser necesario. 

Y si fuera hay tormenta, busca un refugio.
Yo llevo los libros y las ganas de leerte toda la noche, hasta que te sepas mis poemas preferidos y decidas recitarlos para mí. 

Juguemos a aguantarnos la risa, mirándonos a los ojos, como los niños que juegan a ser mayores.

Besémonos en las estaciones y en los aeropuertos y corramos porque perdemos el último autobús en un Londres nublado, de madrugada.

Si te lo he dicho... Te elegiría una y mil veces.
Una y mil mañanas.
Una y mil vidas. 

Pero no quieres creerme. 

jueves, 26 de enero de 2017

Incapaz.

Soy incapaz de mirarme a los ojos en un espejo, si adivino tu silueta al lado de la mía y tengo los tuyos regalándome su luz.

Nunca abrimos la persiana cuando anuncias que fuera está lloviendo, porque yo prefiero las gotas que se deslizan sobre tu estómago y a ti no te importa mojarte si vienes para quedarte entre mis manos un ratito.

Te miro sin que te des cuenta y, aunque sabes que lo odio, tengo que confesar que siempre me hizo gracia tu forma de fumar.

Levantas la ceja, mueves la cabeza, sonríes de lado y, poniendo la mano sobre mi cintura, ya me tienes otra vez donde querías...
En ese lugar en el que abandono a mi voluntad para admirar lo infinito de tus piernas.

Y, por mucho que lo intente, sé que nunca lograré definir lo que me pasa cuando te veo llegar y tu perfume se abraza a mi ropa, mis labios a tu cuello y mis piernas a tu cintura...

Y no abrimos la persiana, ni cerramos la puerta... Porque quererse con tantas ganas no es fácil y, cuando la lluvia empapa tu piel, la prisa aprieta. 


miércoles, 25 de enero de 2017

Ya es mala suerte.

Ya es mala suerte que te hayas enamorado de mis defectos, de mi forma de mirarte y del mal humor de mis mañanas.

Ya es mala suerte que escojas quedarte a mi lado cuando salgo con el pelo mojado y me dices "te lo dije" al primer estornudo.

Y que yo me haya encontrado con tus ojos y me haya perdido en su intensidad, también es mala suerte... 

Porque tú siempre dices que la suerte, cuando existe, sólo es mala.

Yo no me lo acabo de creer, pero me encanta cómo me lo explicas. Gesticulando de manera exagerada e interrumpiéndote para recordarme que hay algo más que tu voz. 

Y si tienes razón y todo ese cuento del destino es cierto... Yo quiero seguir siendo tu mala suerte, por lo menos toda esta vida.

Que nunca te vayas, ni te canses de mis manías y que mis enfados te sigan pareciendo pequeñeces que se pueden solucionar con un beso.

martes, 24 de enero de 2017

Felicidades, madrina.

Cuando me lo contaron no sentí el frío de una hoja de acero en las entrañas... ¡Pero casi! 


¡CINCUENTA! Que se dicen pronto, suenan a tanto y saben a tan poco...


Hoy cumple cincuenta años una de las mujeres más importantes de mi vida y, aunque no pueda estar en casa para celebrarlo, le deseo que tenga el día más especial del mundo y que, de alguna manera, sienta el calor de todo mi cariño. 


Sensible, como la poesía de Bécquer.

Y, a veces, pesada como siete bolas de acero pegadas al tobillo...


Ella me enseñó que la vida es más fácil de lo que nos parece, que una discusión puede ser divertida y que no hay nada de malo en tener un humor más negro que el uniforme de un deshollinador...


Capaz de apoyarme en todas las locuras que se me puedan pasar por la cabeza y de creer en mí, aún cuando yo no confío.


Sólo me queda desearle lo mejor en su día, sonreír muy fuerte en su honor y mandarle un beso grande, grande, grande.


¡Felicidades, madrina! 


Te quiero. 


"No digáis que agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira;

podrá no haber poetas, 

pero siempre habrá poesía."


viernes, 20 de enero de 2017

Que cala...

Que tenga cuidado con el frío, me dicen.
Que cala... 

Si supieran del peligro de tu mirada, no se atreverían a advertirme del riesgo que corro por no abrigarme de ti.

A mí me dan tus manos y tu voz una tarde entera y me río del invierno y de todo aquello con lo que me amenaza.

Me acurruco entre tus brazos un ratito, me fundo con tu piel, cerramos los ojos y mandamos a la mierda al Frío Siberiano.

Acuesto mi cabeza sobre tu pecho, tus carcajadas resuenan en mi oído y siento que no hay otro lugar en el que quisiera estar.

Y me pasaría la vida mirándote sonreír... Pero tengo hambre, pedimos chino y no hay una cara que me guste más que la que se te queda cuando amenazo con comerme los tallarines con tus baquetas. 

domingo, 15 de enero de 2017

Y humo.

Te echo de menos cuando las tardes de invierno pintan perezosas.


Que los sábados de baraja y birras, contigo lo eran también de besos y versos... Y humo.


Siempre supiste ser esa canción que, sin ser mi preferida, era la que mejor me hacía sentir. 


Y ahora, que me cerraron el bar de la esquina y los gatos se escapan de los callejones, siento que te pertenezco como nunca antes.


Ahora, que no me resfrío porque no me abrazarás, ni me pongo triste porque no vendrán tus dedos a acariciarme el cuello.


Ahora que ya no "nos besamos tan despacio" como canta Sabina y que la poesía no me sabe a nada si no rompes a reír en medio de las estrofas. 


Ni tus pestañas se acomodan en mis mejillas mientras consigo encontrar la claridad de mis ojos en el oscuro reflejo de los tuyos.


Ahora que está vacío el hueco de tus caderas en el que descansaban mis manos y Londres y Praga ya no me parecen tan buena idea. 


Ahora, que sí, ya no. 

sábado, 14 de enero de 2017

❤

Otro año más. Otro catorce. Otro día par.

Me sentaría en cualquier rincón, rendida, después de gritarle a una ciudad dormida lo mucho que te echo de menos.

Me conformaré con cerrar los ojos y, con la ilusión de una niña que busca formas en las nubes, sentir que estás aquí un rato más... 
Que has venido sólo para celebrar conmigo que podemos seguir juntas, a pesar de todo. 

Cerraré los ojos y estarás. 
Como siempre, pero más que nunca. 

Me faltas en cada paso que doy y en todos los eneros.
Eres el dolor que no se pasa, el vacío que no se llenará jamás, las lágrimas que no se pueden contener y los mejores recuerdos de mi vida. 

Y me siento afortunada de que se esfumen mis miedos, si miro al cielo y te veo brillar. 

Espero, algún día, poder ser la mujer de la que te sientas orgullosa y que, del fondo de mi mirada, asome todo el amor que me diste... Porque es mi mayor tesoro.

Felicidades.

"The wind beneath my wings."