domingo, 15 de enero de 2017

Y humo.

Te echo de menos cuando las tardes de invierno pintan perezosas.


Que los sábados de baraja y birras, contigo lo eran también de besos y versos... Y humo.


Siempre supiste ser esa canción que, sin ser mi preferida, era la que mejor me hacía sentir. 


Y ahora, que me cerraron el bar de la esquina y los gatos se escapan de los callejones, siento que te pertenezco como nunca antes.


Ahora, que no me resfrío porque no me abrazarás, ni me pongo triste porque no vendrán tus dedos a acariciarme el cuello.


Ahora que ya no "nos besamos tan despacio" como canta Sabina y que la poesía no me sabe a nada si no rompes a reír en medio de las estrofas. 


Ni tus pestañas se acomodan en mis mejillas mientras consigo encontrar la claridad de mis ojos en el oscuro reflejo de los tuyos.


Ahora que está vacío el hueco de tus caderas en el que descansaban mis manos y Londres y Praga ya no me parecen tan buena idea. 


Ahora, que sí, ya no. 

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