Me dijiste "me gustan tus dientes" y te mordí la sonrisa hasta que me dolió.
Tu lengua ha escrito mil cosas sobre mi vientre con tinta indeleble y ya no siento que acabo de volver del infierno, desde que están tus manos para jugar con mi ombligo.
Te quejas porque las paredes de esta casa son de papel y a mí me da igual escuchar lo que susurra el vecino... Porque si tú te ríes a oscuras, tu carcajada hace que se enciendan todas las luces de la ciudad.
Y me encanta encontrarte, tenerte y estar cuando tu cadera se eleva, tu espalda se despega del mundo que se encierra en mi colchón y te muerdes el labio.
Y pasa el tiempo y sólo aumentan las ganas que tenemos de tenernos a cada rato y mi voluntad de seguir provocando a tu voluntad.
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