domingo, 30 de noviembre de 2014

Te perdono.

Cuando sientas que ya no hay más futuro para ti, cierra los ojos.

Aprieta fuerte tus párpados y podrás verme, si me buscas.

Me encontrarás donde lo que parecía imposible se volvió real.
Donde lo que, te dijeron, iba a ser eterno, haya desaparecido.

Y estaré sonriendo porque me buscaste y es así como me querrías ver.

Te perdono.

Te perdono por haberme hecho la persona más feliz del mundo y, después, permitir que volviese a encontrar el norte.

Te perdono por haber huido de un futuro lleno de "nosotros" y dejarme en un presente que es sólo mío, con un pasado lleno de recuerdos tuyos.

Te perdono por haber sido feliz sin mis caricias.

Porque sé que me has querido y, mientras cierras los ojos y buscas mi sonrisa, habrás vuelto a sentir que lo nuestro mereció la pena, el tiempo que duró.

Y así, sonriendo, es como quiero que recuerdes que el perdón que brota de tus labios, es todo lo que necesitaba después de haber aprendido a convivir con la ausencia de tus besos dejando enfríar el café, cada mañana.

Te perdono porque te quise y me quisiste.

Te perdono porque, aún a distancia, nos tenemos.

Y, sobre todo, te perdono porque no se puede odiar al más bello recuerdo que me ha dejado el amor.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Releerte.

¿Conoces esa sensación de morirte de ganas por que llegue el final de algo, pero no querer que se acabe nunca?

Como cuando estás leyendo un libro que te encanta y te quedan pocas hojas.
Quieres leerlas a toda velocidad, pero sin perderte un sólo detalle.
Con el cosquilleo en el estómago de querer saber qué pasará y el miedo a descubrir que, tras el último punto, no habrá más.

Eso me pasa cuando te acercas y me rozas sin querer.

Siento tus manos aquí y creo poder abrazar el cielo.

Quiero disfrutarte lentamente, sin perderme un sólo detalle de los caprichos de tus lunares, sintiendo el cosquilleo y llegando hasta el final.

Y releerte.

Quiero releerte una y otra vez, hasta aprenderte de memoria. Porque eres mi libro favorito.

Y recitarte.

Quiero recitarte hasta que se me rompan los suspiros en el hueco de tu espalda y se me agoten las fuerzas contra el hielo de tu boca.

Y guardarte.

Guardarte para siempre como esa historia que se convierte en un clásico.

Esa a la que se le pone música, sentimiento y nombre.

Esa que todo el mundo quiere vivir.

Esa. Que eres tú.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cada cosa que haces.

Me gusta cuando sonríes por el hueco de la puerta.

Cuando esperas, te aburres y haces eso con los ojos.

Cuando llegas tarde, con el alma hecha jirones y todavía huele a perfume debajo de tus ojeras. 

Me gusta cuando me despierto por la mañana y veo tu chaqueta en el suelo, tus zapatos en la entrada y tus manos desfilando por mi espalda.

Cuando te despido en la puerta, con un beso rápido, tu prisa y el frío secándome los labios.

Cuando te pasas las horas mirando mis ojos e inventándote un futuro entre mis dedos.

Me gusta cuando lloras, porque te sientes libre.
Lo que queda de ti después de amar, cuando te sientes "tú".

Me gusta cada cosa que haces.

Y lo que hiciste de mí.

lunes, 24 de noviembre de 2014

¿Lo ves?

No son necesarias miles de palabras brotando descontroladas de mi boca, para describir toda la belleza que existe en el mundo.

"TÚ".

¿Lo ves?

viernes, 21 de noviembre de 2014

De pronto.

El día que te conocí, era de esos días grises de marea alta y calor de invierno.

Pasaste acariciándome la sonrisa, mientras "Nothing else matters" ponía ritmo a mis latidos.

El mar y tú. ¡Qué gran combinación!

Te recuerdo, como el que recuerda un sueño demasiado real.

Besabas deprisa, como si tuvieras miedo a que el tiempo se acabara y no quisieras que nos quedara un beso pendiente.

Pero siempre había uno más.

Detenías tu respiración antes de cada carcajada para dejar salir, del fondo de tus pulmones, la belleza de tu risa.

El día que te conocí, era de esos días en los que una siente que desaparecer no es mala idea.

Y, de pronto, tú.

Y ese beso más.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Magic.

Did I ever tell you how much I like you?

When you wake up, every morning, with your eyes half closed and a small smile shining everything.

And then you put that "ugly face" that's, actually, anything but ugly...

I think I could stay in that moment forever (like Scorpions sing).

Your skin, softer than the whisper of the wind a summer morning, lays near mine.
Waiting for my hands to take it far away from our bed.

I can barely believe you're there, you're real.

And I think about the time we were nothing but unknown.

Did I ever tell you how much I liked to swim into the green of your eyes, without telling you nothing, trying to guess what you were thinking?

I'm pretty sure I haven't ever seen you mad.

Your eyes always lightning, even when you felt lonely.

Your smile constantly on your mouth, showing everyone that you are strong enough to handle what life has prepared for you.

Happiness, sadness, hope, tiredness... But never anger. Not even a single day.

And that, sweetie... That's as awesome as you are.

I've learnt, looking at you as if I were hypnotized, that you are wonderful...

And magic exists because you do.

martes, 18 de noviembre de 2014

Dos minutos.

Llevo, en el bolsillo, un par de canciones y una escena que se proyecta en mi memoria cada dos minutos.

Somos tú y yo mirándonos. Queriendo decir algo y sin poder abrir la boca.

Tú y yo sonriéndonos. Entendiéndolo todo en un suspiro.

Tú y yo. Y el mundo en silencio, a nuestro alrededor.

Llevo, enredados en mi pelo, cada uno de tus "quiero".

Guarda mi piel, con celo, el rastro de todas tus caricias.

Me pesan los ojos y el alma.

Me duelen los sueños sin cumplir.

Me queman tus últimos besos.

Te prometo que les hablaré de tu sonrisa, de tu mirada y de tu voz (¡Oh! Tu voz...) cada vez que me pregunten por lo indescriptible.

Te prometo que negaré la existencia de las casualidades, como hice siempre, aunque mi corazón se acelere pensando en tus pestañas y el deseo que pediste lanzando una al viento.

Te prometo que mi maleta está vacía de sensaciones, sin tus manos entre las mías en la estación.

Puedo prometerte, también, que no te olvidaré.

Volver... Eso no podría prometerlo, aunque quisiera.

Dos minutos.

Tu carita aquella tarde de invierno.

Tú y yo sintiendo sin querer.
Queriendo sin sentido.

Ahora yo.

Tú ya no.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Supongo.

Tenía un texto en el desván.
Llevaba una etiqueta con tu nombre.

En la caja de recuerdos, mil caricias atadas con una cinta. La de tu pelo.

Junto a mis horas, millones de segundos que esperaban tu regreso.

Entre mis dientes, tantas ganas de tus labios como el día que apareciste.

Tenía un texto en el desván.
Llevaba una etiqueta con tu nombre.

Supongo que no era este, ni ninguno parecido.

Tu nombre nombre se ha ido borrando con el tiempo y, por mucho que intento ordenar letras al azar, no logro reconstruír la sonrisa que me traías al llegar.

Supongo que ya no hay nada.

Que no hay nosotros.

Que no hay miradas.

Supongo que te supongo y que, de lo felices que fuimos y de tus dientes contra mi piel, no queda ni la marca.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Te perdí.

En un bostezo del tiempo, te perdí.

Me morí una y mil veces recordando tus caricias en mi pelo antes de dormir.

Los gritos que quemaban mi garganta, después de que tus manos frías supiesen abrazar mis ganas de sentirte aún más cerca, más en mí.

Bailé al ritmo de unos truenos que anunciaban el final de tu paso por mi vida y se encendieron en mis ojos las luces del "adiós", mientras el cielo se partía en dos mitades separadas por un relámpago eterno.

Quise volver al calor de un beso y entendí que, en el juego macabro del amor, no había, para mí, otra casilla de "salida".

No, desde la huida de tus brazos.

En un bostezo del tiempo, te perdí y no volvió a existir, entre mis días, un nuevo amanecer.

No, más allá del empeño de tus dedos inquietos, el sonido de tu risa y la música de tus zapatos en los charcos, que anunciaron tu partida.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Muda.

Siempre me quedaba pensando en tu sonrisa, imaginando qué decir cuando tuviera que explicarle al mundo que no está preparado para ti.

Sentí el frío recorriéndome la espalda mientras tu mirada me obligaba a fundirme en su fuego.

Podría haber llenado el mundo de belleza, sólo describiendo la alegría de tu rostro.

Podría haber creído en todos los dioses que dicen que existen, si fueran tus labios los que pronunciasen sus nombres.

Podría haber querido querer, habiendo querido sin querer.

Pero muda, como la lira de Bécquer, me refugio en las esquinas de un presente que me importa porque estás, aún sin saberlo.

Y dime, ¿cómo le grito al mundo la perfección de tu alma?

Si de sólo contemplarte, se apoderan de mis palabras mis ganas.

¿Cómo?

Si aprendí a rezarte para verte cada viernes por la noche, como antes, y sentir que aún son mías tus miradas.

martes, 11 de noviembre de 2014

Huele a invierno.

Huele a invierno al pisar la calle.

Hace frío y llueve, dentro de un cuerpo al que este sol de calor débil ya no le hace ni cosquillas.

Agoté las sonrisas de regalarlas, desde que te fuiste.

Sonrisas sin alma, sin brillo, sin ganas.
Sonrisas sin rastro de ti, de tu paso por ella, de tus huellas en mí.

Huele a invierno al pisar la calle y las aceras no reconocen mis pisadas sin tus saltos en los charcos, sin tus carreras entre abrazos y besos robados, sin esa sonrisa que me convencía que quedarnos a ver encenderse las farolas.

¿Cómo se supone que voy a seguir mi vida sin ti?

¿Cómo? Si todas mis ilusiones se colgaron de la última sonrisa hipócrita que dejé escapar tras tu partida.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Volver y verte.

Quiso echar una carrera a las nubes, a ver quién llovía antes.
Era una cuestión de dignidad. Y ganó.

Llegó al claro y sonrió.

De pronto, mi figura al fondo de la calle y una nube negra que sonríe victoriosa.

"Escúchame, por favor."

Rompí el silencio haciendo estallar la tormenta antes de tiempo y pude comprobar que, al fondo de sus ojos, un relámpago quemaba la herida de su alma.

"He venido a pedirte perdón y a comprobar que eres feliz.

Sé que no debí haberte mentido, no debí haberme marchado... Y también sé que he perdido el derecho a volver a mirarte a la cara.

No me creerás, pero es importate para mí saber que estás bien, que has vuelto a sonreír, que has encontrado a alguien que se merece tus besos.

Yo no fui quién esperabas.
Tuve miedo de sentir, de fallar, de querer.

Tuve miedo de perder una vez más y me llevé tus ilusiones entre mi equipaje, sin pensar en ti.

Pero necesitaba volver y verte.
Volver a verte.

Necesitaba comprobar que algo había sido sincero, real...

Y me alegra que lo único real de esta historia hayas sido tú."

Y llovió.

Y lloró.

Y ni las nubes ganaron, ni sus mejillas se rindieron.

Seguía sonriendo mientras me alejaba.

No nos volvimos a ver.

martes, 4 de noviembre de 2014

Fuera de ti.

La única alerta de la que me fío es de la roja con la que amenazan tus labios al acercarse, mientras me sacudes el alma y el granizo golpea la ventana.

Te fallan las fuerzas y te rindes, sonriendo, sobre el sofá.

Vas cerrando los ojos mientras se desdibuja la curva de tus labios y suspiras regalándote a los brazos de Morfeo.

En ese momento, justo antes de que tus pestañas secuestren la pureza de tus ojos por un rato, decido que quiero quedarme para siempre entre tus besos.
Viendo llover al otro lado del cristal.

Y no me importaría que la vida fueran todo inviernos, si tu pelo y tus manos estuvieran para siempre enredados en mi aliento.

¿Quién querría salir de aquí?
Si seguro que hace frío, fuera de ti.

lunes, 3 de noviembre de 2014

No es fácil.

Te escribo sin pensarlo y, cuando intento borrarte, ya empapaste todas mis letras.

Te adueñas de mi inspiración con las mismas ganas con las que tu perfume se enredaba entre mi ropa, dejándola llena de ti.

No existe sonrisa más bonita que la que aparecía cuando me veías llegar, ni más sincera que la que se me escapaba cuando envolvías mi cintura con tus piernas sin dejarme más opción que fundirme en tu pecho.

Créeme si te digo que la última canción la escribí para olvidarte y acabé cantando las trampas que me tendían tus lunares.

Eres perfección entre unas notas que no se atreven a sonar.

Apareces sin más música que el caer de mis lágrimas sobre una guitarra muda y, ante un público más que agradecido por el eco de tus jadeos dibujándose al fondo de mi garganta, me desnudas el alma una vez más.

Consigues que cada suspiro que me roba la vida, me haga sonreír si recuerdo tu aliento.

Y hacerme creer que merezco la pena, aún queriendo olvidarte.

Eso que tú haces, corazón, estando sin estar...
Eso, no es fácil.

viernes, 31 de octubre de 2014

Cambios.

"Los cambios son difíciles y, a veces, raros."

Lo dijiste sin saber lo fácil que fue para mi espalda amoldarse a la forma de tus manos.

Recuerdo haber sonreído.

Igual que sonrío ahora al recordar cómo encajaron las mariposas de mi estómago con tus pasos al fondo del pasillo, con la firmeza de tus caricias, con el eco de tus carcajadas.

Apenas recuerdo mi vida antes de ti.

Supiste hacerte un hueco entre mis horas, entre mis días, entre mis ganas.

Lo llenaste todo de una felicidad que no conocía.
De una felicidad que no sabía que estaba buscando.

Y, sin permiso, aceleraste cada latido hasta conseguir que mi mirada brillara con la tuya.

"Los cambios son difíciles y, a veces, raros."

Lo dijiste sin saber que te colaste en mi rutina sin haberte dado cuenta.

Sin notar que, de repente, éramos dos.

Que tu voz al fondo de mi memoria es el recuerdo del pasado más lejano que quiero tener.

Y que, cuando se trata de amarte, no hay mayor dificultad que echarte de menos cuando te marchas por la mañana, ni nada más raro que tu cara después de la sal que precede al tequila.