lunes, 2 de mayo de 2016

He fallado.

Me encuentro perdida, en medio de una noche que parece eterna, y veo pasar a mis sentimientos, vestidos de negro y caminando por el arcén de cualquier carretera.

Observo el desfile de coches que, ciegos de un faro, me recuerdan a la vida sin tus besos. 

No consigo entender el mundo, desde que dejaste de fundirte con mis manos.

Me sorprendo al fondo de cualquier garganta, buscando el sabor de unos labios que no se parecen a los tuyos.

He viajado más de mil veces al momento en el que te conozco y me miras, me sonríes y te instalas en mi piel.

He dado la vuelta al mundo (a mi mundo) por escuchar tu voz otra mañana.

Y he fallado.

He fallado en el intento de entenderte, permitiéndole al amor volver a fallar a tu favor.

sábado, 23 de abril de 2016

El día que quisimos ser París.

Cierro los ojos y te fotografío. 
Ya eres para mí, para siempre. 

Recuerdo el día que te conocí y el día que me prometiste que una despedida no sería suficiente.

Y aquel día. 
El día que quisimos ser París.

Te besé en el hombro y sentí tu sonrisa. 

Te diste la vuelta y, temblando, descubriste que querías pasar el resto de tus días acariciando mi cara con tus manos. 

El nudo de tu garganta se quedó a vivir entre mi pelo y, restándole días a un adiós que creímos imposible, llegamos al lugar en el que los sueños se cumplen.

No fuimos París, ni Venecia, ni ninguna ciudad de esas que esconden lugares románticos.

Preferimos enamorarnos de nuestros rincones y cerrar los ojos para guardarnos para siempre en imágenes apiladas al fondo del alma. 

Como la del primer día, o la del último.

Como esa foto que se repite en mi cabeza, borrosa, en la que te estás alejando de mí. 
Para siempre.

Y vuelvo a recordar el día que quisimos ser París y sólo pudimos ser el principio del fin. 

miércoles, 20 de abril de 2016

Misma hora. Mismo lugar.

No puedo jurarte que todo va a estar bien, que los problemas se van a solucionar de la noche a la mañana.

No voy decirte que no hay que luchar, que las cosas vienen porque sí, porque merecerlas es suficiente. 

No voy a tratar de convencerte de que no errar no es haber vivido.

No.

Porque tú prefieres pensar que mi forma de quererte no fue sincera y que mis caricias, aunque llegaran cuando las necesitabas, no dejaron huellas sobre tu piel.

No voy a asegurarte (no puedo) que te esperaré siempre, porque sabes que no me gusta hacer planes a largo plazo.

De momento sólo te puedo prometer este viernes.

Misma hora. Mismo lugar. Misma sonrisa. 

miércoles, 13 de abril de 2016

Por contarte.

Eres esa calma que nunca llega después de la tormenta. 
La ausencia de calma que me recuerda que estoy en casa.

Que en Galicia llueve, en invierno y en verano, y que es parte de su encanto si tengo tus brazos para resguardarme.

Eres el granizo, golpeando sin descanso contra la ventana de una habitación cansada de extrañarte. 

El verso más triste que nadie ha podido escribir y el texto más corto y significativo de todos los que consigo arrancarle a las letras.

Eres todo aquello que me recuerda que aún vivo y que, hacerlo con el único propósito de verte sonreír, aún merece la pena.

Y tú, que tienes nombre de película y de canción. Tú, que has nacido para brillar... Me pides que silencie el alma cuando grita que la historia de mi vida se llama como tú.

Aunque ya me esté muriendo por contarla (por contarte), porque suenas bien en todos los idiomas.

domingo, 10 de abril de 2016

Cerca del final de los finales.

Se me fueron de las manos la siesta, la vida y la sensación de no saber qué hacer con todo lo que te quiero. 

Te me fuiste de las manos. 
Pero no de la cabeza, ni de la piel.
Ni de todos esos recuerdos que me acercan tu sonrisa y tu mirada de miel.

Del corazón no puedo hablar.
Se durmió cuando decidiste que lo mejor era no volver.
No verme.
No llamar. 

Supongo que lo que me queda ahora son más domingos de tardes interminables.
Que parezca que se escaparon algunas horas de mi reloj y que la memoria de tu sabor, llegada la hora, decida que no va a matarme.

Supongo que pasará el tiempo y te esperaré temblando y sonriendo, como si no hubieses sido la causa de todos mis males. 
Y lo haré allí, donde te prometí, 
cerca del final de los finales.

lunes, 4 de abril de 2016

Le cuesta menos.

Una vez me enamoré. 

No sé si fue por su forma de despeinarme cuando estaba a punto de marcharme, o por su manía de mirarse los zapatos cada diez minutos.

Le gustaban los pepinillos y el chocolate y no tenía ningún reparo en comerlos a la vez.

Y yo, maniática como nadie, encontraba adorable todo eso.

Supongo que eso jamás lo entendí.

Sólo sé que me enamoré y, sin darme cuenta, maté el miedo al miedo y no quise hacer nada para evitar lo que sucedió después.

Siempre tuve problemas para llevarme bien conmigo. 

Afortunadamente, hay a gente a la que le cuesta menos.
 
A la que le cuesto menos.

lunes, 28 de marzo de 2016

La chica de la habitación desastre.

"Resulta que a la chica de la habitación desastre no le gustan los cambios de hora. 
La ponen seria. 

Seria y sexy. Pero eso ella no lo ve.

Si pudiera mirarse un minuto desde mis ojos, entendería muchas razones de esas que no es capaz de ver cuando le digo por qué me gusta.

Se tira sobre la cama, con los brazos pegados y los vaqueros desabrochados, enterrando la cabeza entre los hombros.

Como un erizo. 

Se queja de que tuvo un día de mierda, con una vocecilla que me invita a que la abrace.

En ese momento no importa la canción que esté sonando. 

No importa que sea una de "esas canciones chungas que escuchas tú" porque, más allá de ese abrazo, sólo existen las ganas de quedarnos así dos vidas y media."

Supongo que su manera de contar una cosa tan normal era más bonita que la de nadie.

No sé si por su voz o por el brillo de sus ojos al hablar de lo mucho que la quería.

Afortunada, la chica de la habitación desastre.

martes, 22 de marzo de 2016

Exemplo de nada.

Atrevida, achegábase unha bágoa máis que disposta a perderse no mar dos seus ollos.

Buscaba esperanza nun ollar que agardaba con ansia algunha outra historia duns tempos que semellaban imposibles.

"Supoño que nós tampouco soubemos ser exemplo de nada."

O mundo, tal como o coñecemos, non é o resultado de todas as loitas que libraran ela e os seus para poder descansar orgullosos.

A súa voz, quebrada polo tempo, perdíase onde o mar se xunta co ceo. 

"O ser humano é, cada día que pasa, menos ser.
E, dende logo, de humano xa non ten nada."

Non era o momento de lembrar tanto esforzo porque, no máis fondo da súa alma, sabía que non tardaría en ter que volver a ser valente. 

"A vida que queríamos para vós, non era esta.
A vida pola que pelexamos afastábase da idea de esta sociedade podre.
Era para disfrutala, non para pasar por ela con medo."

E, coa imaxe dun mundo que se destrúe a sí mesmo, pechou os ollos e deixou fuxir un último suspiro.

lunes, 21 de marzo de 2016

La primavera de los amantes.

Arranca, con ganas, la primavera.

La primavera de los amantes que se encuentran al fondo de una botella vacía, con los ojos vidriosos.

La primavera de los valientes, que quieren querer y deciden hacerlo.

La primavera de los enamorados, que se incendian el alma al rozarse las mejillas.

La de las manos que se encuentran, sin permiso, por encima de la rodilla y terminan sudando la resaca de un invierno que se cansó de ver morir a las flores.

Arranca, con ganas, la primavera.

Una primavera más. 

La tuya. 

Mi koala.

Acariciabas el volante con una delicadeza exagerada, abrazando las curvas.
Parecía que la carretera y mi destino se dibujaban a tu paso. 

Recuerdo cómo jugabas a ser un koala, rodeando con tus piernas mi cintura, y me jurabas que dejarías el rastro de tu perfume en cada centímetro de mi cuello.

Soñabas y sonreías.

Y yo me enamoraba, cada vez un poco más, de las pecas que quedaban atrapadas en tus hoyuelos cuando vivías mil aventuras con los ojos cerrados.

Si tuviera que explicar cuánto te echo de menos, podría decir que el vacío de mi alma es tan grande e intenso como el color que tomaban mis mejillas cada vez que me contabas los lunares.

"Yo me inventé la dirección. Sabré cómo volver."

Y no. Nunca.

martes, 15 de marzo de 2016

Dos nosos.

Cando lle preguntaban de onde era, sempre respondía "de aquí".

Porque non importaba o lonxe que se atopara da casa, na súa alma todo era Galiza. 

Choraba a lembranza dos invernos fríos, dos que xa non queda nin un fío de vento, e dos veráns de cando a brisa do mar aínda obrigaba a botar man dalgunha peza de abrigo.

Gardaba, nas palmas das mans, as feridas de traballo dos labregos.
E no vermello das súas meixelas adiviñábanse as horas de frío de máis de catro vellos mariñeiros.

Era o reflexo da terra que coida dos seus fillos. 

Era, sen sabelo, eternidade e lenda.

Era "de aquí". Sempre. 

Era dos nosos. 

lunes, 14 de marzo de 2016

Mira, no.

Mira, no. 
Enfádate si quieres, pero no tienes razón.

No es lo mismo un puñado de estrellas, por brillantes que sean, que la belleza de la luna. 

Ella, que se pasea sola. 
Que no necesita a nadie.

Ella, que reina cada noche en medio de la oscuridad porque las sombras decidieron que no tenían nada que hacer contra su perfección.

Y no es lo mismo el calor de tres abrazos en la barra de cualquier garito, que tu mano acariciándome la espalda. 

Podría dar millones de ejemplos más, pero sería ilógico intentar convencerte de que mi vida es mejor contigo... 

Porque tampoco es lo mismo que quieras quedarte, a que creas que es algo que tienes que hacer.

Como no lo es, que todos se muerdan el labio al verte llegar, pero tú prefieras morder el mío. 

domingo, 13 de marzo de 2016

Pueblo marinero.

Apenas se habían cruzado sus ojos y los míos y ya supe que quería encallar en su cintura.
Ser el último barco sobre la arena de su playa.

Supongo que esa es la magia de los pueblos marineros.
La osadía de la brisa, que deja entre su pelo más de cien historias de sal. 

Alguien, a mis espaldas, habló rompiendo la calma en la que me había instalado para disfrutar de sus gestos delicados.

"Hay mujeres por las que merece la pena esperar."

Sonreí.

Alguien, aquí, sabía muy bien de qué iba la vida. 

Se acercó a mis ganas de dibujar la forma de sus labios al cantar y, erizándome la piel en un susurro, pasó de largo. 

Pero no me importó, porque ya me había enamorado. 

No me importó, porque cada vez que escucho el sonido de la marea rompiendo entre las rocas, me acuerdo de su voz.

Supongo que esa es la magia de los pueblos marineros. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Júpiter y tú.

Suena "Prometeo" y llegas a casa corriendo.

Me coges de la mano y me arrastras hasta la ventana. 
Te brillan los ojos y dices algo sobre la Luna y Júpiter.

Hablas tan rápido y con tanto entusiasmo que me cuesta seguirte...
Y me pierdo en el ritmo al que tus pestañas me aceleran el pulso. 

"¡Que esto sólo pasa cada trece años!" 

Siguiendo el reflejo de tu sonrisa sobre el cristal, dejo que se me empañe la mirada de ganas de quererte. 

Cada día apareces con una historia nueva, pero yo no puedo dejar de admirar la pasión con la que me muestras las cosas que te gustan. 

Y me quedo allí contigo, abrazándote por la espalda y siendo testigo de cómo Júpiter te mira con envidia. 

"Pues yo... Yo repetiría este momento cada trece segundos", te susurro. 

Y te sonrojas, como si fuera la primera vez que escuchas hablar a mi corazón.

domingo, 6 de marzo de 2016

Sólo a mí.

Sólo pido que las películas de Antena 3 sigan siendo tan malas como siempre, para no tener que apartarte de mi cabeza ni un domingo. 

Me imagino tu cara de aburrimiento y tus ojeras haciendo juego con las mías.
Tus ganas de no hacer nada, porque los sábados siguen siendo duros y te destrozan.

Me consuelo pensando que, alguna que otra vez, me has sonreído. Sólo a mí.

Y que cuando pienso mucho en tu voz, antes de dormirme, puedo soñar con ese gesto agradable con el que insinúas que pasas de mí.

Y con redibujar todos tus tatuajes bajo la luz de un sol que ya no quema.