Observo el desfile de coches que, ciegos de un faro, me recuerdan a la vida sin tus besos.
No consigo entender el mundo, desde que dejaste de fundirte con mis manos.
Me sorprendo al fondo de cualquier garganta, buscando el sabor de unos labios que no se parecen a los tuyos.
He viajado más de mil veces al momento en el que te conozco y me miras, me sonríes y te instalas en mi piel.
He dado la vuelta al mundo (a mi mundo) por escuchar tu voz otra mañana.
Y he fallado.
He fallado en el intento de entenderte, permitiéndole al amor volver a fallar a tu favor.