Vamos a hacer un ejercicio juntos/juntas.
Sí. Tú y yo.
Me conozcas de algo o de nada.
(Al fin y al cabo, no es necesario conocer a alguien para querer que se sienta bien.)
Vamos a tomar aire, con fuerza, y vamos a cerrar los ojos.
(Preferiblemente cuando acabes de leer esto, porque si te paras aquí y no los abres probablemente te duermas y, aunque me estarás eternamente agradecido/a por haber resuelto tu problema de insomnio, eso no era lo que pretendía.)
Vamos a pensar en una cosa que nos haya hecho sonreír a lo largo de este 2015.
Venga.
Una sola.
Tampoco es tan difícil...
Cuando la recuerdes habrás sonreído sin querer y, a estas alturas, ya habrán sido (mínimo) dos las veces que tu año ha merecido la pena.
Porque si hubo algo que pudo hacerte feliz, aunque sea un instante, ya tienes una razón para pedirle más a la vida.
Sé egoísta, aférrate a ese segundo de alegría y multiplícalo.
Multiplícalo. Por muy difícil que pueda parecerte, porque cuando lo consigas sentirás un cosquilleo muy grande en el estómago y eso es la felicidad.
(ADVERTENCIA: Si pasa alguien por allí en ese momento, podrás pensar que es amor. Cuidado con ese tipo de equivocaciones, que no suelen acabar bien.)
Pídele más a este año.
Pídele que te dé más sonrisas durante los pocos días que le quedan y adviértele al 2016 que no dejarás que se quede con las alegrías que te pertenecen, por muy grande que sea su desván.
Agárrate fuerte a lo que ha quedado de tu 2015, a la parte que ha sobrevivido de la persona que siempre has querido ser, a todas las veces que te has repetido "no sé si podré" y conseguiste ser el héroe/la heroína de tu propia vida.
No digo que este año haya sido perfecto pero... ¡Yo creo que tenemos algo que celebrar!
Brinda por todos/as los/as que han entrado en tu vida... Y por los/las que se han ido.
Pero, sobre todo, brinda por ti.
Por haber llegado hasta aquí de una pieza, por haber aguantado todo lo que ahora dejas atrás, por haberte echado el peso de otro año más a la espalda y, aún así, haber sonreído (al menos, dos veces).
Yo brindaré por lo mío y por lo tuyo y, si has llegado a esta altura del texto, sonreiré porque ya te conozco (aunque no).
Feliz Navidad.
(Pero feliz, de verdad.)