viernes, 24 de julio de 2015

¿Quién te dio permiso?

¿Quién te dio permiso para colarte en mi cabeza de esta forma?

¿Quién? Que quiero reclamarle el miedo que tengo a perderte.

El miedo a olvidar tu rostro, si no te veo en cuestión de minutos. 

Aunque luego cierre los ojos y nunca te fueras. 

O recuerde tus dientes grandes, blancos y perfectos, queriendo morder mi nariz cada cinco minutos.

Aunque sueñe tus dedos recorriendo mi espalda una y otra vez, la noche que quisimos detener el tiempo sobre tus costillas.

Y se arremoline el viento a las puertas de mi alma, para gritarme que viene a llevarse tu aroma. 

¿Quién te dio permiso para hacer, de mi vida, el desastre con más sentido de todos?

¿Quién? 

Que quiero agradecerle tu voz ronca por las mañanas, tus manías, tus sonrisas y el brillo que dan tus ojos a mis ojos...

Puede.

No sé en qué momento decidimos pasar de contarnos idioteces, a contarnos los lunares.

Nos enamoramos, como imbéciles, de una vida que nos negó más de lo que nos había prometido.

Nos hizo gracia el amor, cuando nos cogió por sorpresa aquella noche y nos reímos, con él, mucho más tiempo.

Días que supieron a verano. 
Días que fueron felicidad.

Los meses se nos fueron escapando y, cuando quisimos alcanzarlos, nos dimos cuenta de que nuestros pasos eran más cortos.

Puede que hubiésemos arriesgado demasiado.

- Créeme si te digo que lo único que tengo es un corazón desnudo.
Y créeme, también, cuando te digo que me da igual.
+ A mí ya no me queda nada que perder.

Levantó un poco la cabeza y, forzando una sonrisa, se apartó el pelo de la cara.

- A mí aún me quedas tú. 

O puede que no. 

Puede que, por una vez, hubiésemos ganado.



martes, 21 de julio de 2015

Nadie me explicara.

Su nombre se ha aliado con el timbre de su voz para alegrarme los días.

Me tortura la idea de no haber guardado su olor, aunque se haya pasado media vida sobre mi espalda.

Y, en las noches que me falta, se entretienen con su recuerdo las ganas de morirme entre sus brazos.

Nadie me advirtió que enamorarse era tan fácil como que sus manos rozaran mi cintura y sus dientes se engancharan a mis sueños. 

Nadie me advirtió que enamorarse era no poder respirar cuando me falta su aliento y que la vida parece distinta si se ríe, conmigo, de ella.

Nadie me explicara lo que es amar.
Hasta que llegó, con sus bromas y sus historias infinitas, y sobró toda explicación.

lunes, 20 de julio de 2015

Viajamos.

- ¿Seguro que quieres venir conmigo?
+ ¿Tan mal conduces?
- No es eso... Es que casi nunca llego a mi destino.

Y me miró con unos ojos capaces de confundir al mismo Diablo, pero asentí.

¿Quién no querría perderse con su sonrisa, aunque acabara naufragando en el mar de su mirada?

Viajamos. 

Viajamos lejos con el cuerpo y más lejos con el corazón.

Nos quisimos donde nadie pudo odiarnos y nos encontramos escapando del destino. 

Me habló de sus aventuras, de sus miedos, de sus penas...
Me habló y su acento se tatuó en cada poro de mi piel. 

Nuestra historia será, algún día, algo más que papel mojado por una impertinente lluvia de verano. 

Mientras tanto... Sus manos.

jueves, 16 de julio de 2015

Por una coma.

Me quemó el alma con sus gemidos de madrugada y se olvidó de recordarme que se iría al amanecer.

"Ven. Cántame al oído una vez más." 
Y la fuerza de un susurro lleno de caricias para su alma, se colaba en sus oídos como mis manos entre su piel.

Quise gritarle "quédate, mi vida" y se guardaron entre mis labios las palabras, sintiéndose dueñas de su propio destino.

"Quédate mi vida", le escribí en la espalda.

Y se la quedó.

Entonces entendí la importancia de una coma...

miércoles, 15 de julio de 2015

A un paso.

A un paso de tu risa, parece que el cielo se abre para mí.

A un paso de tus manos, de tus besos, de tus ojos. 

A un paso. Y suena lejos. 

"Lo imposible es lo que no nos atrevemos a intentar", dijiste.

Yo seguía a un paso de ti. 

Te quise contar, en menos de 10 caricias, las ganas que mis labios tenían de los tuyos.

Te quise cantar, en cuatro estrofas y media, las ganas que mi piel tenía de tu piel.

Y te tenía a un paso. A un solo paso.

Sentía que por ti podría atravesar todos los desiertos, bebiendo del deseo de tenerte cerca...

Era un paso. Dos segundos, ocho centímetros y una vida entera.

Caminé en dirección contraria, sin mirar atrás y, cuando quise darme cuenta, ese paso se había convertido en muchos más.

Supongo que es más fácil escribirte que ser valiente.

Supongo que no te olvidaré.

viernes, 10 de julio de 2015

Frenético y granate.

Siempre me han gustado las personas a las que se les enfría el café, por no parar de hablar.

Y era así.

Nos encontramos una noche en la que la luna brillaba más de lo que había brillado el sol y, de repente, mereció la pena el cansancio.

Supe que era lo que siempre había buscado y su voz, suave, sostuvo mis mejillas en alto un rato más.

Era de belleza delicada y, por su modo de caminar, parecía estar flotando.

No utilizaba vaqueros, si no "jeans", y en lo pálido de su rostro se adivinaban unas pequeñas pecas.

"Soy como un panecillo de cereales", bromeaba. 

El olor del café le dibujaba una sonrisa y, de tener que elegir, lo tomaba solo, cargado y con un toque de canela.

Siempre tuvo claro lo que quería y hasta donde llegaría por amor...
 
"No voy a beber más de una, lo siento. Supongo que será que no te quiero tanto... 
Además, no puedes comparar la cerveza con la elegancia de un buen vino".

Y yo, hipnotizada por el juego de sus dedos con la copa y el baile que hacían sus labios y aquel líquido, ponía mi mundo a girar a un ritmo frenético. 

Frenético y granate.

Y me rendía con los únicos "tienes razón" que sentí antes de pronunciar.

jueves, 9 de julio de 2015

La diferencia entre tú y el resto del mundo.

Puedo reconocerte, de espaldas, en cualquier lugar lleno de gente. 
O diferenciar tu voz entre los gritos desesperados de cualquiera, sin que hayas separado los labios.

Puedo prometerme que te prometería no descuidarte jamás.

Porque la diferencia entre tú y el resto del mundo, es lo que me haces sentir cuando sonríes. 

Pasas por mi lado, dices "hola" en lugar de "adiós" y me demuestras que llegas para instalarte en el alma de todo aquel que se cruce con tu mirada.

Y yo te imagino cuando las arrugas empiecen a contar las historias que se esconden en la luz de tus ojos, con toda tu belleza intacta y a mí a tu lado, y me muero de ganas de que el tiempo se me escape de entre los dedos, mientras me entretengo haciéndote cosquillas con las pestañas en el cuello.


Aunque después despierte y sepa que no estás. 

martes, 30 de junio de 2015

Siempre cerca.

La abrazaba cada noche y, con sus manos entrelazadas, le juraba mantener a salvo todos sus sueños.

Un beso en el hombro, por sorpresa, de unos labios capaces de frenar cualquier tormenta de dudas. 

Le acariciaba la nuca y perdía la noción del tiempo entre el olor de su pelo.

Entre promesas de cosas que parecían imposibles y madrugadas a salvo al calor de su abrazo, pasaron los años.

Muchos.

Y cuando ya no quedaban sueños por cumplir, ni las cosquillas de madrugada eran suficientes, se desprendieron de la piel que guardaba los recuerdos de su historia y supieron empezar de nuevo.

Lejos, pero cerca.

Siempre cerca. 

sábado, 27 de junio de 2015

"Hasta agosto, o así."

Ven y cuélgate, una vez más, de mis pestañas.

De una de esas pestañas que se mueven sin descanso cuando ven brillar tu sonrisa al fondo de la calle.

Regálame de nuevo la sensación de frío que provocan, en mi piel, tus manos de cristal.

Dejemos que tus lunares entretengan a mis ganas y susúrrame que podemos alargar el invierno "hasta agosto, o así".

Hazme volver a perder la cordura justo donde termina tu barbilla y búrlate de mí, otra vez, diciendo que vas "a hacer contigo lo que la humedad hace con tus rizos".

Recoge la miel que dejaste en mis labios la última vez, sosteniendo uno de los recuerdos más dulces.

Llévame lejos, de la mano de las ilusiones escondidas entre tus carcajadas.

Ven y cuélgate, una vez más, de mis pestañas... Para acabar siendo una de esas que lanzo al viento convertidas en deseos de que vuelvas.


martes, 23 de junio de 2015

Una pena de amor.

Se había levantado, sin saber que hora era, y había puesto música.

"Repeat".

La habitación se fue llenando de humo, a medida que se vaciaban las botellas.

A los pies de la cama y con la vista clavada en el cristal, veía nacer un día tan gris como el fondo de su mirada. Y lloraba.

No eran lágrimas de las que se escapan por un agosto nublado.

Era una tristeza de esas que son fáciles de vivir, pero difíciles de explicar.

Una pena de las que te cogen por sorpresa y duelen porque no terminan.

Una pena de amor.

"There... Running my hands through her hair.
Both of us thinking how good it can be.
Someone is speaking,
but she doesn't know he's there..."

Dejaba que la canción hablase a cada uno de los cristales que brotaban de sus ojos.

Era esa canción. 
Su canción.

Su estrofa, su verso y la alegría con la que llenaba la casa cada vez que la cantaba con aquella voz, joven pero gastada.
 
"Running my hands through her hair..."

La canción con la que había llegado a su vida... Pero no para quedarse.

domingo, 21 de junio de 2015

"Mira cómo te olvido".

Te pienso y creo que he perdido demasiado tiempo dibujando tu silueta en la ventana.

La luz entra, sin pedir permiso, por los huecos de la persiana y me grita que no estás. Que no te fuiste, porque nunca has estado. Que no vas a estar.

Me llama la cordura desde la calle y, ahora, la oigo.

Si nada gano con imaginarte cerca, es mejor olvidar. 

Entonces me doy cuenta de que este texto eres tú, es un "mira cómo te olvido" y me vuelvo a encontrar con tu figura sobre la pared. 

Nunca nadie me advirtío que pasaría esto, que me cruzaría con tu sonrisa una tarde cualquiera y querría tener tus manos cerca para siempre.

Nunca nadie me dijo que "podría pasar".

Pero pasaste. Y ahora no te me pasas.

domingo, 14 de junio de 2015

Sonreír en los semáforos.

¿De qué sirve sonreír en los semáforos en verde si, en realidad, no tienes ningún destino?

Mi destino era su sonrisa y me brillaba la mirada, de emoción, cada vez que un semáforo rojo me recomendaba detenerme. 

No me importaba, porque su piel era mi meta e iba a llegar. 
Sabía que iba a llegar. 

Me besaba fuerte las mejillas con los labios apretados y, con la misma fuerza de esos besos, me sujetaba el brazo cuando me marchaba.

Gritaba un "quédate" que me invadía el alma, en un lugar lleno de gente que no se enteraba de nada.

Mi ojos hablaban con los suyos, como siempre, recordándole que "cuando empiezas a actuar y te olvidas de lo que dicen los demás, empiezas a vivir."

Y me iba, sabiendo que volvería y que su sonrisa resucitaría, una vez más, todo lo que otros gestos habían matado antes.

martes, 9 de junio de 2015

No creo estar pidiendo tanto.

Quiero que me abraces.

Sí.

Que me abraces fuerte, por la espalda y por sorpresa, y me digas al oído que me quieres.

Que me lo digas con la voz ronca que tienes por la mañana y que el olor a canela de tu piel empiece a jugar con mis sentidos.

Quiero que se me olvide, por un instante, que odio el verano.

Que hagas desaparecer el calor con tus brazos de hielo... Aunque después parezcan quemar.

Quiero que vuelvas a medir mi espalda y mis piernas a mordiscos.

Que quieras colocar a tu antojo los defectos de mi piel, mientras los defectos de mi alma se pierden a la altura de tu cuello.

Que vuelvas a reírte de mi risa y a intentar matarme a cosquillas, por querer saber cuantos besos cogen en "unos pies tan diminutos".

Quiero que todos mis días pasen a tu lado, como antes, y no sé...

No creo estar pidiendo tanto.

miércoles, 3 de junio de 2015

Me mentiste.

Siempre juraste que nunca te quedarías en un sitio para siempre.

Que lo tuyo era moverte de un lado a otro, sin saber qué te traerá el mañana o en qué tren escaparás de madrugada.

Llegaste a mí sin que te llamase, pero rápidamente me hiciste entender que te había estado buscando en todas las bocas que habían jugado con la mía a quererse durante horas.

"No voy a quedarme mucho tiempo. Nunca lo hago."

Y no sé si fue tu acento o qué, pero me dio igual.

Tus dientes desmontando los castillos que creara con mis sueños y tu risa sosteniendo una esperanza, me ayudaron a olvidarme de que tus caricias estaban de alquiler sobre la costura de mis vaqueros.

Siempre juraste que no te quedarías en un sitio para siempre.

Me mentiste.

Te quedaste en mi alma, en mis besos y en cada rincón de mi piel.