- Cierra los ojos.
+ ¿Para qué?
- Hazlo, confía en mí.
Piensa que no hay nada a tu alrededor, que no existen los problemas, que yo no estoy aquí. Piensa que no existes, que eres solo esencia, sin materia.
Me gustaría poder regalarte esa tranquilidad que necesitas, hacer de tu mundo algo sencillo sin más preocupaciones que seguir adelante, pero eso no lo puedo hacer. Eso tienes que hacerlo tú.
Abre tus brazos, como si fuesen alas.
Piensa que eres invencible, dueña de tus actos.
Puedo asegurar que ya casi notas el viento ayudándote a despegar, a mantener el equilibrio, a volar.
Estira tus alas, vuela, sé libre. Siéntete gaviota. Una hermosa gaviota que viaja sola.
Tienes el derecho de ser feliz, no lo cambies por la obligación de agradar a los demás.
+ Siempre has odiado las gaviotas, ¿por qué no elegiste cualquier otro pájaro?
- Porque uno nunca sabe que puede llegar a amar lo que más odiaba en el mundo, hasta que sucede. Y cuando en cada gaviota imagino tus ojos ¿cómo podría volver a odiarlas?
"Eso siento, más o menos."
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