Sabía que vendría porque cuando me crucé con sus ojos esta tarde, me gritaron que me echaban de menos.
Nadie, como yo, podía interpretar lo que su rostro intentaba ocultar y lo que su mente se empeñaba en no pensar.
Dejadme que os cuente una historia bonita, de las que ya no quedan, en las que ya no creo, pero real.
Lo haré poco a poco, porque la belleza de este tren de sentimientos solo es comparable a la de su imagen.
No recuerdo la canción que sonaba en ese momento, ni la ropa que llevaba ese día.
Pero sí recuerdo que era verano y que, ese día, mi corazón empezó a arder manteniendo un calor artificial que solo conseguía darme su sonrisa.
También recuerdo que regresé a casa con mi alma desnuda y el corazón desprotegido, entregado ya a una vida que no era la mía.
Yo, que me sentía "nada" ante ese espectáculo que era, para mí, todo su ser, poco más pude hacer que sonreír. Y parece que le gustó mi forma de hacerlo.
Era la primera vez que la suerte y yo nos aliábamos. Pero no sería la última...
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