sábado, 27 de octubre de 2012

Creía haber encontrado a la persona perfecta para él, sin embargo, el destino le había dado otro golpe bajo.

Los sentimientos se arremolinaban en su corazón del modo en que lo hacen las hojas secas en otoño.

Estaba enamorado, se sentía débil y no se podía quitar su imagen de la cabeza.

Era consciente de que ella no le había engañado en ningún momento pero no podía evitar sentirse dolido.

"Sabes que querría quererte, pero no puedo. Eres el chico perfecto y algún día, cuando encuentres a quien realmente te merezca, será cuando me harás feliz".

Cada vez que recordaba sus palabras sentía cómo una punzada le provocaba un dolor insoportable en el pecho poniendo su piel de gallina.

Ella no le quería, le prefería a él. A un "él" que no sabía respetarla, un "él" con el que lo único que funcionaba era la sumisión.
Era injusto, pero era así. Debía aceptarlo porque, a pesar de todo, ella decía ser feliz así y eso era, ante todo, lo que él más quería en el mundo.

"Porque no me duele este vacío que dejas".

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