miércoles, 6 de marzo de 2019

Puerto.

Que de nada sirven las alas, 
si las rejas no me permiten alzar el vuelo.

Y es inútil ansiar la libertad,
si sigo presa en la cárcel de tu recuerdo.

Que no sé si me explico, corazón...

Vivir teniendo que olvidarte
es como ser sirena
y no tener un mar...
O querer sobrevivir a la tormenta
y que me falte tu pecho como puerto.

martes, 5 de marzo de 2019

Ya no.

Te veo donde el tarot acierta y suena “si te vas...” de Extremoduro.

Me niego a todos los destinos que no son contigo. 

Me señalo el pecho y sonrío.
De ahí ya no te puedes ir.

lunes, 4 de marzo de 2019

¿Qué?

Llegó y quiso quedarse.

Me dijo que le gustan la pizza con piña y las tardes de domingo. 

Y contra eso, ¿qué puedo hacer yo? 

domingo, 3 de marzo de 2019

Mucho, fuerte y bien.

Uno, dos, tres... ¡Pam! 

Apareces, sonríes y se me olvidan todas mis manías. 

Y empiezo a mezclar la comida, a dejarme  los grifos abiertos y las luces encendidas...
Porque solo puedo pensar en que vuelves para ponerme la vida al revés.

Pero no me importa, porque lo único que quiero es abrazarte. 

Mucho, fuerte y bien. 

Hasta que me duelan los brazos y tiemble el mundo bajo nuestros pies.
Con las piernas alrededor de tu cintura y la nariz hundida en tu cuello.

Y, después, que nos fallen las fuerzas las veces que quieran. 

Pero que, cuando abra los ojos, estés. 


martes, 26 de febrero de 2019

Mírame.

Mírame.

Vengo a ti con las palmas hacia arriba.
Pero no en son de paz, sino rendida. 

Vengo, porque tú no lo haces pero tampoco desapareces. 

Porque hace tiempo que apretaste el gatillo contra mi pecho, pero te olvidaste de la sien y el mínimo recuerdo de tu risa sigue pellizcándome el alma.

Déjame decirte que no me queda gris en la mirada, que ya es transparente. 

Porque he llorado todas las ganas, menos las de volver a verte. 

Y esas... Esas que no se van aunque sepan que el futuro no tiene sitio para ellas, son las que están acabando con lo que queda de mí.

lunes, 25 de febrero de 2019

El cementerio de los cobardes.

Te prometo que el día que te supere y me vuelva a enamorar, seré todo lo valiente que no fuimos.

Y aunque no podré olvidarte, para llegar a ti sé que se me hizo tarde.

Pero no vuelvo a descansar en el cementerio de los cobardes.

Porque a no tenerte me resigno, pero a fingir que no sé amar... 

A eso, no vuelvo a condenarme. 

RevolucionARTE.

Aún hay cosas que me hacen feliz.

Como las señales de 120 o saber que todavía encuentras motivos para sonreír. 

¿Te imaginas tu sonrisa a mi lado superando esa velocidad en un solo beso? 

Magia. 
Arte. 

Porque yo, contigo, de ahí no bajo. 

Que estoy convencida de que nací para revolucionarte y, si he de estrellarme, quiero que sea en tus caderas. 

(Y de ahí tampoco me bajo.)

miércoles, 20 de febrero de 2019

Cuanto antes.

No sé si te lo he dicho, pero me voy a París.

Me voy, faltando a la promesa de ir por primera vez contigo.
(Como falto, a diario, a la de olvidarte “cuanto antes”.)

Lo hago porque no puedo seguir echándole la culpa al amor de lo que destroza nuestra falta de valor.

Y que sí, que se puede amar de mil formas distintas...
Pero ninguna de ellas lastima y quizás, solo quizás, esto no sea querernos. 

Dueña.

- Cuéntame de tus insomnios.

• Cuéntame tú, que eres la dueña de todos.

domingo, 17 de febrero de 2019

Hacerme puzzle.

Siempre me salvas cuando estoy a punto de rendirme.
Como si hubieses nacido para encajar todas mis piezas, para hacerme puzzle.

Llegas y desatas incendios debajo de mi piel, en un solo roce. 

No quiero que preguntes, nunca más, si puedes venir.
Quiero que me digas a qué hora llegas, para recogerte, porque nada es más importante que volver a abrazarte.
O que aparezcas sin avisar y me arranques una sonrisa gigante a juego con la tuya. 

Y ni se te ocurra quedarte en el marco de la puerta, tímidamente. 
Entra, porque tienes llaves pero he dejado abierto. 

Entra a mi vida y hazlo sin llamar.

Pero llámame siempre que quieras, para contarme lo feliz que eres o para que busquemos soluciones a todo lo que te agobia. 

Yo te diré que no te preocupes por mí, que me va bien.
(Aunque sabrás que miento porque hace mucho que no te veo y aún se me quiebra la voz al pronunciar la última sílaba de tu nombre.)

jueves, 14 de febrero de 2019

San Valentín.

Hacerte sonreír es la mejor forma de celebrar San Valentín. 
Que lo hicieras a mi lado, sería la hostia.

Y no te preocupes, que si a ti no te gusta este día... 
Me comprometo a “no celebrarlo” contigo toda la vida.

lunes, 11 de febrero de 2019

Estar.

Tú ya eres.
Ahora solo tienes que estar... 

(Y eso no depende de mí.)

miércoles, 6 de febrero de 2019

Agujetas.

Tenía agujetas en el alma, por doblar esfuerzos intentando amar.
Y me cansé. 

Apareciste de la nada, con tu paciencia y esos gestos capaces de todo, para ayudarme a lamer mis heridas. 

Me hiciste impermeable al dolor y estoy a un beso de quedarme a vivir en tus costillas. 

Porque a tu lado supe reconstruirme y aunque no nos necesitamos, quisimos ser y queremos estar. 

Ahora entiendo que el amor es un poco eso...
Y un poco tu sonrisa restándole importancia a los problemas. 

lunes, 4 de febrero de 2019

Milanés y sus cosas.

Debí imaginármelo cuando sonó “Yolanda”.
La vida me estaba advirtiendo que ibas a ser sufrimiento.
(Milanés y sus cosas, ya sabes.)

Pero es que justo un rato antes, había sonado “What a wonderful world” y no había nadie más que tú, allí, conmigo.

Y vale que yo soy muy de interpretar las señales como me da la gana, que así me va...

Pero, ¡joder!
No me digas que no hay un montón de canciones en las que aún podemos ser libres, porque te mentirías tanto como a mí.

viernes, 1 de febrero de 2019

Febrero.

Febrero se presenta con viajes y amor pactado en cada una de sus sílabas. 

Con menos lunas, para vivirte bien despierta, y el deseo desbordado de mis dedos sobre tu piel. 

Tengo muchas ganas de no dejar de tenerte estas ganas, de quererte sin prisas y besarte mil veces en una tarde. 
Tengo muchas ganas de que me salgas bien.

Te miro y siento que me das toda la calma que existe, porque me enseñas a desquerer cuando me hace mal. 
(La misma calma que sabes robarme en dos pestañeos.)

Y por primera vez, me da igual la música que suene, si me destrozan esos ojos mirándome de pies a cabeza y vuelta. 

Porque no sé si lo sabes, pero tienes unos ojos que ponen la zancadilla a todas mis intenciones de largarme de madrugada.

Unos ojos que no son de este mundo.