Uno, dos, tres... ¡Pam!
Apareces, sonríes y se me olvidan todas mis manías.
Y empiezo a mezclar la comida, a dejarme los grifos abiertos y las luces encendidas...
Porque solo puedo pensar en que vuelves para ponerme la vida al revés.
Pero no me importa, porque lo único que quiero es abrazarte.
Mucho, fuerte y bien.
Hasta que me duelan los brazos y tiemble el mundo bajo nuestros pies.
Con las piernas alrededor de tu cintura y la nariz hundida en tu cuello.
Y, después, que nos fallen las fuerzas las veces que quieran.
Pero que, cuando abra los ojos, estés.
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