Smiling among my chaos.
domingo, 31 de enero de 2016
viernes, 29 de enero de 2016
Alternativa.
Lloraba.
Levantó la vista un instante y decidió compartir conmigo los trozos que quedaban de su corazón.
"Era alternativa.
Era la tía más alternativa que existía.
La típica tía que no se encuentra tan fácilmente.
La de labios rojos, ojos oscuros y cazadora de cuero.
La que besaba las bocas de las botellas con una sensualidad exagerada, sin saberlo.
Esa tía a la que le brillaba la mirada a la tercera cerveza y te contaba historias normales, haciendo que parecieran increíbles.
Ella no era bonita, era preciosa."
No me costó adivinar de quién hablaba y en sus palabras, llenas de verdad, encontraron cobijo algunas de mis heridas.
Tenía toda la razón, era alternativa... Alternativa y perfecta, joder.
jueves, 28 de enero de 2016
Batería baja.
Batería baja.
Vuelvo a quedarme con las ganas de decirle que quiero que todas nuestras tonterías se conviertan, algún día, en "tradición familiar".
De pedirle que sea la parte de mi vida por la que merece la pena vivir.
Batería baja.
En el alma.
Porque está lejos y tardará en volver.
martes, 26 de enero de 2016
Prohibido adelantar.
Doblaban las campanas por la ausencia de tu risa entre mis labios.
El frío de una noche que ya no es nuestra, me acercó a un pasado en el que mis caricias de seda eran todo el vestido que necesitaba tu piel.
Cuando te esperaba hasta que un perro se cansaba de ladrarle a mi sombra y aparecías al fondo de la calle, con la sonrisa brillante y tu mirada de fuego, derritiéndolo todo a tu alrededor.
Me besabas en el cuello y susurrándome eso de "Ya sabes que está prohibido adelantar. Que si no llegamos de la mano, es mejor que no lleguemos..." dejábamos que los cristales se empaparan de tu respiración, mientras se moría otro día.
Y tú te acercabas a mis dedos.
Y yo no quería que te alejaras nunca.
sábado, 23 de enero de 2016
Vulnerable.
No sé si fue el momento o el lugar, o simplemente que al destino le gusta lucir su poder.
La canción ("Iris", la recuerdo bien) empezó a sonar justo en el momento en el que me tropecé con tus miedos.
Ahora ha pasado el tiempo y casi no necesito ningún mapa que me guíe por tu piel.
Ya me paseo por tu cabeza sin permiso y te acostumbraste a que te acaricie la cara, mientras la luna se muere de celos al otro lado de la ventana.
Ahora que tus temores son los mismos que los míos y supiste cómo abrazarme el alma con todos sus defectos, te repito cada día eso de "Me gusta lo que veo cuando te miro" y sonríes borrando cualquier rastro de tristeza.
En ese momento, te brillan los ojos al saberme vulnerable y yo siento como si mi pecho pudiese explotar en cualquier momento, de tanto querer.
Me gusta lo que veo cuando te miro.
Y me gusta de verdad, como para que no me importe vivir con la duda de qué pasará si te pierdo.
jueves, 21 de enero de 2016
Pájaros enjaulados.
Yo te miraba y tú, conmigo, hacías algo más que eso.
Nos quitábamos las penas en un pestañeo y nos reíamos hasta que la necesidad de tomar aire nos pedía que parásemos.
Yo te conocí los días en los que tus ojos dejaban leer tu verdad.
Tú descubriste, entre mis bromas, lo que escondían mis tristes pupilas.
Hicimos, con retales de las noches del invierno, mil madrugadas de otoño.
Supimos inventar la caída de las hojas de los árboles primaverales, para acercar el verano a nuestras manos.
Fuimos dos pájaros enjaulados que se creyeron dueños del viento y, aún sabiéndose presos del destino, prefirieron no fallarse.
Fuimos esos dos pájaros.
Los que no supieron volar juntos cuando por fin fueron libres.
jueves, 14 de enero de 2016
Cien.
Cien.
Es un número bonito. Como su voz.
Grave, amable, apaciguadora.
Capaz de calmar a la más inquieta de las criaturas con una palabra dulce.
Cien son las veces que le diría que la quiero, si hoy la tuviera conmigo.
Cien... Para empezar.
Cien los abrazos, teniendo cuidado con sus frágiles huesos.
Cien, mínimo, las sonrisas diarias a las que me tenía acostumbrada.
Sonrisas delicadas y sinceras.
Elegantes.
Tan elegantes como su nombre, de flor.
Como toda ella.
Daría todo lo que tengo y lo que pueda llegar a conseguir por verla una vez más.
Daría mi voz por volver a escuchar su risa, o por volver a sentir sus manos entre las mías de nuevo.
Y sentiría que gano, aún perdiéndolo todo, si pudiese aconsejarme una vez más como sólo ella sabía hacerlo.
Acariciando una carcajada con la sabiduría que guardaba su garganta, quitándole importancia y haciéndome sentir que todo iría bien.
Felices cien a la Rosa más bonita de entre todas las flores.
Te quiere, "a túa miniña".
martes, 12 de enero de 2016
Como la vida.
Se está derritiendo este diciembre dentro de mi pecho.
Puedo escuchar con claridad el eco del sonido de las gotas al caer y, paseando entre el recuerdo, me cogen por la cintura unas manos que no son las tuyas.
Los primeros rayos de un sol que no calienta, iluminan un invierno que no es frío.
Todo está al revés y otra vez esas manos.
Que elegí, pero no quiero.
Como la vida.
Imagínate conmigo.
Imagíname queriendo.
Imagínanos volviendo a como éramos.
Volviendo a las noches de música de fondo, a los bailes sin sentido y a las comidas sin sabor, pero sabrosas.
Imagínanos volviendo a una vida que sólo tenía sentido cuando estaba del revés.
Imagínate que quieres y que quiero y que, de repente, ya no existe diciembre en mi corazón.
Ni sus manos.
Ni tus miedos.
sábado, 9 de enero de 2016
Hasta que se me corten los labios.
"Te odio", me susurra.
Sé que no es cierto, pero lo repite cada vez que se da cuenta de que me he vuelto a detener a la altura de su boca y que no puedo apartar la mirada de ella.
Recuerdo que la primera vez que nos vimos me fijé en que tenía una herida.
Le quedaba bien, como todo.
Más tarde descubrí que en invierno, cuando el frío se hace un hueco entre la gente, se le cortan los labios.
Y que, en el pliegue más bonito de su sonrisa, hay una herida que no se cierra porque nunca deja de sonreír.
A veces parece que le da una tregua pero, cuando su alegría infinita se vuelve a mostrar, un pequeño gesto de dolor le advierte que ha vuelto.
Está siempre ahí, regalándole un poco de ese encanto que hace que sea especial.
Más especial que nadie.
Podría pasarme la vida perfilando sus labios con la yema de mis dedos, bailando al compás al que me susurran que me odia y queriendo tener el poder suficiente para impedir que el frío nos encuentre.
A veces, cuando le pido que me bese "hasta que se me corten los míos", se enfada.
Entonces, trazo sobre su espalda el dibujo de sus labios con mi nombre que diseñé para soñar con su sonrisa las noches que duerme lejos. Y se le pasa.
"Mg", me dice. Y vuelve a sonreír abriendo la herida.
jueves, 7 de enero de 2016
"Aunque sea un rato".
Puede que, si Leiva me recuerda a ti en cada una de sus canciones, no tuviéramos la historia más romántica del mundo.
Pero entre uñas y labios rojos, caricias indecentes y saliva, supimos adaptar el amor a la forma de tu espalda sobre la mía.
Escribimos en millones de estaciones nuestros nombres y dejamos nuestra huella en algunos aeropuertos.
Dibujamos, sobre muros grises, algo parecido a los colores del amor que nos teníamos.
Y puede que no fuese bonito, pero era divertido.
Y es que no se te puede querer de otra manera, si del fondo de tu risa brota un solo de guitarra y en la comisura de tus labios se inventaron el deseo y el placer.
A ti se te quiere salvaje, rebelde y con la fuerza de una tormenta de verano... "Aunque sea un rato".
lunes, 4 de enero de 2016
No me saludes.
Me dices que quieres que pinte de encuentros tus ganas de verme.
Y que ojalá alargar mil inviernos nuestro secreto.
Yo te pido que cuando me veas, cuando hayan pasado los años y me veas, no me saludes.
A mí no me saludes. Sonríeme.
Entonces sabré que todo está bien, que eres feliz y que me guardas un lugar especial en tu memoria.
Sonríeme y destroza la mierda de realidad que en la que vivimos, con la intensidad del brillo de tus ojos.
Colorea lo que quede de mi vida, con el rojo de tus labios.
Y si, a pesar de los daños, me sigues queriendo...
Entonces sí. Acércate y, en un saludo de tus pestañas, dime que me echas de menos.
domingo, 27 de diciembre de 2015
"Mereció la pena."
Bajo la primera luna llena del invierno y con la mirada clavada en el horizonte, decidió abandonar su pasado.
Veía desaparecer el mar, a lo lejos, como muchas otras veces lo había visto aparecer en sus ojos.
Sintió el peso de los recuerdos cuando se acumulan en las lágrimas y saltan al vacío cargados de verdad, de valentía, de "mereció la pena"...
Buscaba, entre la brisa, alguna razón para quedarse. Pero no la encontró.
No encontró la fuerza que le ayudó a quererse, ni los brazos que una vez le dijeron "si quieres, quédate".
No aguantó mucho.
Empaquetó todo lo bueno que la vida le había regalado, lo dejó sobre la arena y se fundió con el resto de la playa.
Esta vez, el "para siempre" sería de verdad.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Azul.
Quiero descubrirte al fondo de la habitación cuando abro los ojos cada mañana, jugando con las cortinas para despertarme despacito y que pueda ver tu silueta a contraluz.
Quiero saberte aquí cuando, en medio de la noche, me desvele y el sueño decida no hacer caso a mi llamada.
Y poder adivinarte como se adivina el mar, alterado y valiente, que anuncia desde el horizonte que estamos llegando a casa.
Quiero que seas esa ola que entre en mi vida y, con cada golpe, se lleve miles de recuerdos de sal.
Volver a sorprenderte organizando mi futuro con esa actitud tan tuya de "va a salir bien" y pedirle a la vida que se quede como está, que no se mueva, para que no te vayas nunca...
Porque no había nada más bonito que la marea rompiendo un paisaje gris de invierno, hasta que llegó tu risa y decidió quedarse para inundar mis esperanzas con su azul.
jueves, 17 de diciembre de 2015
Un año más... ¡Feliz Navidad!
Vamos a hacer un ejercicio juntos/juntas.
Sí. Tú y yo.
Me conozcas de algo o de nada.
(Al fin y al cabo, no es necesario conocer a alguien para querer que se sienta bien.)
Vamos a tomar aire, con fuerza, y vamos a cerrar los ojos.
(Preferiblemente cuando acabes de leer esto, porque si te paras aquí y no los abres probablemente te duermas y, aunque me estarás eternamente agradecido/a por haber resuelto tu problema de insomnio, eso no era lo que pretendía.)
Vamos a pensar en una cosa que nos haya hecho sonreír a lo largo de este 2015.
Venga.
Una sola.
Tampoco es tan difícil...
Cuando la recuerdes habrás sonreído sin querer y, a estas alturas, ya habrán sido (mínimo) dos las veces que tu año ha merecido la pena.
Porque si hubo algo que pudo hacerte feliz, aunque sea un instante, ya tienes una razón para pedirle más a la vida.
Sé egoísta, aférrate a ese segundo de alegría y multiplícalo.
Multiplícalo. Por muy difícil que pueda parecerte, porque cuando lo consigas sentirás un cosquilleo muy grande en el estómago y eso es la felicidad.
(ADVERTENCIA: Si pasa alguien por allí en ese momento, podrás pensar que es amor. Cuidado con ese tipo de equivocaciones, que no suelen acabar bien.)
Pídele más a este año.
Pídele que te dé más sonrisas durante los pocos días que le quedan y adviértele al 2016 que no dejarás que se quede con las alegrías que te pertenecen, por muy grande que sea su desván.
Agárrate fuerte a lo que ha quedado de tu 2015, a la parte que ha sobrevivido de la persona que siempre has querido ser, a todas las veces que te has repetido "no sé si podré" y conseguiste ser el héroe/la heroína de tu propia vida.
No digo que este año haya sido perfecto pero... ¡Yo creo que tenemos algo que celebrar!
Brinda por todos/as los/as que han entrado en tu vida... Y por los/las que se han ido.
Pero, sobre todo, brinda por ti.
Por haber llegado hasta aquí de una pieza, por haber aguantado todo lo que ahora dejas atrás, por haberte echado el peso de otro año más a la espalda y, aún así, haber sonreído (al menos, dos veces).
Yo brindaré por lo mío y por lo tuyo y, si has llegado a esta altura del texto, sonreiré porque ya te conozco (aunque no).
Feliz Navidad.
(Pero feliz, de verdad.)
martes, 15 de diciembre de 2015
¿Dirás que sí?
Es fácil decir que sí ahora, mientras te refugias en el calor de mis caricias y tus piernas se acoplan a mi forma de dormir.
Pero... ¿Dirás que sí siempre?
¿Dirás que sí cuando la vida nos golpee fuerte en la cara, o en el pecho, y nos deje sin aliento?
¿Y cuando el peso de mis dudas sea más fuerte que yo y me cueste levantarme?
¿Dirás que sí cuando necesites mi ayuda y yo te la regale, aunque sea lo único que tengo?
O cuando quiera entregarte todo lo que soy, para que "seamos"...
¿Y a viajar conmigo por todo el mundo?
Y cuando sea yo (la que nunca pide ni la hora, por vergüenza) la que te pida que unas tu vida a la mía, en medio de Times Square y en hora punta, sólo para ver cómo se encienden tus mejillas...
Cuando exista un "todos los días de tu vida", atado a tu juramento.
Todos los días de tu vida.
Todos.
¿También dirás que sí?
Porque si es así... Tengo un futuro planeado para ti, a mi lado.
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