Me gusta el invierno porque tu sonrisa es fácil de encontrar entre la niebla.
Me gusta... Porque cuando tus rizos se tumban al sol (ese sol que sale, a veces, para intentar brillar más que tú), mis problemas desaparecen enredándose en ellos.
Me gustan el invierno y sus domingos. Porque comemos cualquier cosa, rápido, y volvemos a la cama a escribirnos historias en la piel.
Y que te pongas sentimental cuando me pongo pesada.
Y ver tus defectos completando a los míos.
Y que siempre exista esa nota musical que baila entre tus labios.
Me gusta el invierno porque, aunque se presenta frío, tú eres todo el calor que necesito.