- Déjame contarte una historia que, estoy segura, te ayudará.
+ Está bien, pero... ¿Da miedo?
- Eso depende de lo que decidas hacer de hoy en adelante.
Y, así, empezó a narrarme una de las historias que más decisiones me ayudarían a tomar a lo largo de mi vida.
"Imagínate que yo entro en tu vida en plena adolescencia. Esa edad en la que tú empiezas a coger las riendas de tu vida, a tomar tus propias decisiones. Y, desde ese momento, empiezo a decidir por ti."
Yo no entendía nada, no tenía idea de lo que me quería decir, pero seguí escuchando sin interrumpir.
"Imagínate que la primera decisión que tienes que tomar es la de elegir instituto y, tras decir cuál prefieres, yo te digo que debes ir a otro. Al peor, al último en tu lista. Y tú, observadora de tu vida (cuyas riendas he tomado yo) lo haces, no tienes otra opción.
Acabas el instituto y decides estudiar leyes. Pero yo, que soy quién elige por ti, no estoy de acuerdo y quiero que te matricules en Medicina.
Obviamente, sin otra opción (de nuevo), lo haces. ¡Y terminas la carrera con el mejor promedio! Porque eres buena, aunque no te guste.
Pensando que te voy a dejar libre (pobre ilusa), quieres hacer lo que realmente te gusta y, ahora que me cumpliste los caprichos, dices que te matricularás en Derecho, que es lo que siempre quisiste hacer.
Pero yo decido que mejor no, que te pongas a trabajar de médico, que es justo lo que yo quiero para ti."
+ ¡Pero eso es injusto! - La interrumpí. -
Ella me sonrió y continuó su historia.
"Van pasando los años y sigues viviendo el futuro que yo elegí para ti.
En tu rostro, falsa felicidad y en tu trabajo, notable amargura.
Hasta que llega el día en que cometes un error que le cuesta la vida a alguien.
Es entonces cuando te vuelves hacia mí para reclamarme. Pero yo ya no estoy."
+ ¿Eso es todo?
- Sí. Con esto quiero que aprendas a tomar tus propias decisiones y a respetar las de los demás. Y quiero que me prometas que si alguien pretende dirigir tu vida le dirás que "no quieres ser la médico que arruinó vidas ajenas por querer ser abogada".
+ ¡Lo haré, te lo prometo!
- Pero quiero que también te des cuenta de que, si intentas manejar la vida de alguien, acabarás renunciando a la tuya propia y no estarás ahí cuando su vida fracase porque estarás demasiado ocupada intentando, sin éxito, pegar los pedazos de tu vida que fuiste sembrando en tu camino hacia lo ajeno.
Y, sin más, se despidió de mí con una caricia y desapareció dejando la paz que dejan los ángeles tras cada aparición.
"Vive tu vida y yo la mía, sin ti."