lunes, 24 de junio de 2013

Después de horas de emociones diferentes, sensaciones, caricias, mordiscos... Se le ocurrió preguntarme "¿me quieres?".

Y no se daba cuenta de que un "te quiero", si se siente, se regala. Que una pregunta de ese calibre te descoloca y te destroza pensando en cómo vas a responder para no hacer estallar su corazón en trozos diminutos.

Otro beso, otra hora. Dos. Tres. Y, de nuevo, la pregunta.

"¿Me quieres?" "¿ME QUIERES?"

Seguía en silencio, con la duda presionando fuerte desde dentro de mi cabeza, intentando romperla. Y, por otro lado, el corazón latiendo veloz, más por lo que acababa de pasar allí que por la pregunta.

"Podemos seguir viéndonos", respondí.

Pude notar cómo mi cabeza derramaba una lágrima y mi corazón, incapaz de amar, respiraba tranquilo bajo su caparazón.

"Y, en la peli que pusieron después, nunca ganaban los buenos."

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